LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 857

GOBERNACIÓN AMBIENTAL EN MÉXICO 869 para la salud de las comunidades de ambos lados, como para la protección y conservación de los ecosistemas; aunque es claro que su notabilidad transfronteriza debe sopesarse conforme a los intereses económicos, políti­ cos y sociales prevalecientes. El estilo de gobernación que México y Estados Unidos han estado en disposición de consentir en materia ambiental se dibujó en 1944, con la creación de la CILA, una instancia técnico-burocrática con amplio margen de actuación, decididamente conservadora. Es por eso que, para desilu- sión de muchos, la relación bilateral no se delineó con el Acuerdo de La Paz, ni con los subsecuentes programas para el ambiente fronterizo. Acaso el ACAAN dio un mayor margen de maniobra a actores no gubernamenta- les en algunos temas, pero aun así, el conservadurismo en la toma de deci- siones se mantiene, pues la modalidad de acuerdos gobierno-a-gobierno que se instrumentó en el ACAAN tuvo el efecto latente de poner de lado los intereses de las comunidades locales. El debate sobre la aprobación del TLCAN en su primera versión fue rele­ vante por las repercusiones que tuvo en México, pues este país comprendió que debía equiparar los estándares de sus leyes y regulaciones a los regímenes legales y de cumplimiento de los vecinos de Norteamérica. Sin embargo, el hecho que en la renegociación del acuerdo a la que ahora asistimos, Estados Unidos ponga al frente medidas vinculantes y una serie de compromisos de supervisión y control, da cuenta de su insatisfacción con los desempeños ambientales de su aún socio; y ello sucede —se aventura la hipótesis— no tanto porque la administración Trump pretenda resolver la cuestión am- biental en su frontera sur, sino sobre todo porque lo que consi­dera relajación de estándares ambientales en los socios ocasionan a Estados Unidos pérdidas económicas. Adicionalmente, México falla la estrategia por el hecho de arri- bar a la negociación circunscribiendo la problemática ambiental a cuestiones de infraestructura, suponiendo que el proceso seguirá la misma tónica que el TLCAN original, y que las instituciones de la infraestructura (Cocef y Bandan) serán revitalizadas. Al parecer, los negociadores mexicanos no han reflexionado que hoy la realidad es otra. La academia tiene varios retos por delante. En una percibida indiferencia del gobierno mexicano para canalizar esfuerzos a la protección y conser- vación de los recursos naturales del país y con ello contribuir al sano desa- rrollo de la sociedad, el sector debe generar investigaciones de base que subsanen la brecha informativa sobre generación, recolección, transporta- ción y destino final de los residuos peligrosos. Por otra parte, debe sugerir propuestas de política exterior que impulsen al país a la búsqueda de me- jores esquemas de entendimiento en la relación bilateral y trilateral del blo­ que norteamericano: el discurso de “pares” o “socios” debe reivindicarse