LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 719

726 JAIME ANTONIO PRECIADO CORONADO con la misma tecnología y calidad de bien final. Debería ser cierto que a iguales productos, iguales salarios, pero es igualmente cierto que bajar los salarios es la madre del crecimiento exportador.” Para estos autores, Trump pretende sustituir la mano de obra por “nuevos esquemas robotizados en la industria automotriz que fabricará automóviles eléctricos sin chofer. Este podría ser el regreso de EEUU como líder tecnológico y la base del redes­ pliegue económico global”. Ante la coyuntura de renegociación del TLCAN, Carlos Slim apela al desarrollo endógeno, como lo plantea el Acuerdo Nacional para la Unidad, el Estado de Derecho, el Desarrollo, la Inversión y el Empleo (Acuerdo de Chapultepec), firmado en 2005, el cual propone estos objetivos: 1) Esta- do de Derecho y Seguridad Pública. Consolidados en un régimen demo­ crático, que garantice libertades, derechos humanos y sociales, seguridad física y jurídica; 2) Desarrollo con Justicia: Crecimiento Económico y Em­ pleo. Lograr un crecimiento económico acelerado, sostenido, sustentable, con empleo y con políticas redistributivas. 3) Formar y Desarrollar Capital Humano y Social. Más y mejor salud y educación. 4) Desarrollo de Capi- tal Fí­sico. Acelerar la construcción de infraestructura y de vivienda. 5) Re­ forma de la Administración Pública. Pensar en el mercado interno, es una consecuencia del TLCAN cuestionado. En México crecen movimientos sociales que se distancian del bloque liberal global corporativo y del nacionalismo neoproteccionista. Convergen una multiplicidad de redes organizadas, unas provienen de la oposición ge­ neral contra los tratados comerciales, como es el caso de la Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio (RMALC); otras redes provienen de centenas de conflictos esparcidos por todo el territorio nacional, dado el “giro eco territorial” que impone la fase neoextractiva: movimientos contra la minería, como la Red Mexicana de Afectados y Afectadas por la Minería, REMA (véanse carta 1 y 4); las represas, como el Movimiento Mexicano de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos (MAPDER); el uso del agua, como el Tribunal Latinoamericano del Agua, la red Waterlat (véase carta 2); o de forma transversal, movimientos de base étnica contra la acumula­ ción por desposesión, particularmente los pueblos indígenas y comuni­ dades campesinas nucleadas en el Congreso Nacional Indígena (CNI), que impulsa el EZLN (véase carta 3). Todos estos movimientos sociales se construyen dentro de un contexto complejo que hace valorar a los actores no estatales, que actúan en la esfe­ ra de lo público social. Sus prácticas de lucha combinan varias escalas de actuación: la local, la nacional-supranacional, la global. Además, ellos mez­ clan demandas sectoriales y planteamientos políticos alternativos al siste- ma político y de partidos, fundados sobre la crítica al desarrollo y al Estado capitalista, y sus reformas de mercado. En nuestra región latinoamericana