LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 691

698 JOHN SAXE-FERNÁNDEZ, CÉSAR AUGUSTO DÍAZ OLIN Norte y Montana e Eagle Ford al sur de Texas. Otras fuentes representan me­- nos de 20 por ciento. Por su alta tasa de declinación en 2012 se perfora­ron más de seis mil pozos con un costo de 35 mmd anuales para mantener la producción al mismo nivel. El autor estima que el techo shale llegará a los 2.3 millones de barriles diarios (mbd), declinando a 0.7 mbd ocho años después, en 2025. Entonces, ¿en base a qué cálculos, firmas y gobiernos si- guen promoviendo el negocio shale? En gran medida es por las altas expec- tativas que suscitan las cifras de la EIA para países como México, Polonia y Argentina. Hughes indiqua que esas estimaciones de la EIA son altas y “muy opti- mistas” porque centran la atención en la cantidad estimada de recursos in situ, asumiendo una fracción recuperable y procediendo luego a dividir esas “reservas técnicamente recuperables” por la tasa de consumo, resultando “en décadas” si no es que siglos de consumo futuro. Así se infla la burbuja sha- le, dejando a un lado dos rubros esenciales para determinar la viabilidad de cualquier fuente energética: 1) la tasa de suministro de energía, es decir, aque- lla en que el recurso puede producirse. “Una gran cantidad de recurso in situ no dice nada si no puede producirse de manera consistente y en las canti- dades necesarias, características que”, dice Hughes, “son afectadas por fac- tores geológicos, geotérmicos y geográficos (que luego se expresan en costos económicos)”, y 2) la tasa de producción neta (TPN) de energía, que es la diferencia entre la cantidad de energía usada en la producción del re- curso y la energía contenida en el producto final. Así, para Hughes no es tanto “un problema de recursos sino de tasas de suministro”. Hughes y Cavallo coinciden en que la TPN de los combus­ tibles fósiles (CF) no-convencionales es muy inferior a la de los CF con- vencionales, su declinación es exponencial y su explotación (fractura hidráulica), como muestra la literatura científica analizada, se asocia a enor­ mes costos en salud humana y medio ambiental por lo devastador y tóxico de esa técnica. La coincidencia del desplome del precio del gas en EU y el furor por ampliar el mercado de capitales shale —que ya en 2012 había arrasado con inversiones de miles de pequeños, medianos y aún grandes inversionistas— llamó la atención de Deborah Rogers, analista financiera de Wall Street, cuyo estudio Shale and Wall Street 72 detecta que las grandes firmas bancarias y de inversión de Wall Street se beneficiaron de ese colapso: en 2012 gana- ron más de 45 mil millones de dólares por servicios, honorarios y otros ru- bros vinculados a procesos de fusión y compra (merger & acquisition). Por Deborah Rogers, Shale and Wall Street, Energy Policy Forum 2013, disponible en . 72