LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 669

676 JOHN SAXE-FERNÁNDEZ, CÉSAR AUGUSTO DÍAZ OLIN tancia es mucho mayor: basar la diferencia en el PNB equivaldría a medir la riqueza comparativa de dos personas de acuerdo con los pagos de intereses que perciben anualmente, en lugar de comparar la riqueza real acumula- da por cada una de ellas. Sería mejor —en cambio— comparar la riqueza de los dos países, que incluye el valor monetario de carreteras, puertos, aero- puertos, edificios, plantas industriales, sectores habitacionales, flota vehicu­ lar y otros bienes. Con esta medición 7 se estima, entonces, que la riqueza acumulada por EU era 200 a 300 veces mayor que la mexicana. El empre- sario preguntaba: ¿se asociaría usted con alguien 250 veces más rico? De hacerlo, ¿sería usted realmente su socio o su empleado?” 8 Esta puntual observación naufragó bajo el pesado fardo de la ofensiva mediática a favor del TLCAN impregnada del “globalismo pop” y de la “co­ lonialidad energética” que se observa en los regímenes “neoliberales” mexi- canos. Una condición capturada por las expresiones de un director de Pemex, quien ante las exigencias del cargo indicó que para él el reto mayor era “cómo esta riqueza (el petróleo) debe orientarse hacia el fortalecimiento de la seguridad energética nacional de nuestros principales socios co­mer­cia­ les”. 9 Esta expresión, además de hermanarse con las codicias geoestra­tégicas y negocios a la sombra de la EEN y el BEAN, es icónica de la colonialidad energética que guía la política exterior y de seguridad que acompañó desde 1994 al TLCAN, como bien lo sintetizó John D. Negroponte, el embaja- dor de EU en México durante las negociaciones del Tratado, para quien el TLCAN “sería piedra angular para modificar los fundamentos de la políti- ca exterior y de seguridad de México bajo principios estadounidenses”. El BEAN obedece, justamente, a principios y procedimientos que histó- rica y documentalmente emanan del big oil. La conjunción del dominio comercial con el geoestratégico se centra tanto en los fósiles convenciona- les y no convencionales de México como en los de Venezuela, tratándose de un asunto cuya percepción se capta de manera nítida en palabras de Melvin Conant, vicepresidente de Operaciones Internacionales de Exxon —previo a su fusión con Mobil—, planteadas ante la Comisión de Asuntos Insulares del Interior del Senado de EU. En aquella oportunidad (1977) dijo que Washington “debía mostrar más habilidad en sus tratos con Améri­ca Latina y sugirió una política exterior que le permita controlar la produc­ción petrolera de México y Venezuela”, para negociar con fuerza ante la Orga- nización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). “Y en el caso de Mé­xico Metodología elaborada por Seymour Melman. John Saxe-Fernández, “México-EUA: Seguridad y Colonialidad Energética”, Nueva Sociedad, núm. 204, julio-agosto, 2006. 9 Director de Pemex, en Rafael Decelis, Misivas sin Respuesta, II Costa-Amic Editores, Méxi- co, 2004, p. 3. 7 8