LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 250

LA GRAN PARADOJA DEL TLCAN Y LA ECONOMÍA MEXICANA 251 Unidos. Una respuesta constructiva frente a la visión de Trump debe tomar en cuenta la preocupación de los trabajadores estadounidenses en cuanto a la pérdida de empleos y el estancamiento de los salarios. De otra manera será un impasse político. El aumento de los salarios reales en México al menos pari passu con la productividad —en especial del salario mínimo para cumplir con las disposiciones constitucionales de ingreso digno— y la legalización de los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos, sería una propuesta en la que todos ganan (win-win) desde la perspectiva de los trabajadores estadounidenses y mexicanos. Durante las últimas décadas, el impacto de la globalización y de los acuerdos comerciales regionales en ambos países —sin ignorar su impul- so al comercio y a la IED— fue más costoso de lo necesario en algunos grupos y subregiones. Una razón es que se dieron en un contexto en el que no hay sistemas de seguridad social adecuados, en que dista de estar garan- tizado el pleno empleo. Más aún, los ingresos potenciales por ocupaciones alternativas con frecuencia son mucho menores que los empleos que se pierden debido al comercio o a la subcontratación (offshoring). Los gobier- nos que han favorecido los acuerdos comerciales y los proyectos de inte- gración, han sido renuentes a reconocer la severidad de los costos de ajuste potenciales, seguramente en aras de no perder apoyo a la agenda de aper- tura y retiro del Estado de la economía. En síntesis, debido en parte a la Gran Moderación en Estados Unidos y a la lenta recuperación de la actividad económica mundial después de 2008, se ha reducido el dinamismo del sector externo como motor expansivo de la economía mexicana. Resulta urgente implementar una nueva agenda de desarrollo en México con base en el fortalecimiento del mercado inter- no, en el contexto de una economía abierta y de una política de desarrollo productiva activa. Esta nueva agenda, como lo hemos propuesto en deta- lle ya de un tiempo atrás en el Grupo Nuevo Curso de Desarrollo, debe tener tres prioridades principales: 1) redistribución del ingreso para en­ frentar la desigualdad; 2) transformación estructural de la economía mexi- cana para fortalecer los eslabonamientos productivos, hacia atrás y hacia adelante, y 3) una intervención mucho más activa del Estado en la econo- mía, tanto en la formación bruta de capital fijo, como muy en especial, como árbitro de la distribución funcional del ingreso entre, por una parte, los trabajadores y, por otra, los empresarios. Como parte de esta nueva agenda, es fundamental abordar políticas industriales, financieras, regionales y de inversión pública con el objetivo de fortalecer los sectores productivos, in- cluyendo el exportador. También es necesario promover el desarrollo de las regiones atrasadas e incrementar la inversión en infraestructura para trans- formar el proceso de integración de México. La idea no es despreciar las