LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 107

ORÍGENES DEL NEOLIBERALISMO 107 Plant, Lionel Robbins, Frank Knight, Jacob Viner, Friedrich Lutz, George Sti­ gler, Milton Friedman, Friedrich Hayek, Karl Brandt, Wilber Katz, Garfield Cox y Aron Director, que fue quien se encargó finalmente de dirigirlo. Las negociaciones con la universidad no fueron fáciles. Hayek había conseguido financiamiento empresarial para el proyecto, con la ayuda nuevamente de Harold Lunhow, del Volker Fund, pero los empresarios no estaban interesa­ dos en financiar las especulaciones del liberalismo “clásico” ni de la econo­ mía puramente académica, como la de Simon, sino que querían contribuir al desarrollo de un liberalismo “económicamente orientado”, que respalda­ se los intereses de las grandes empresas. Y la Universidad, por su parte, se resistía a dar plazas definitivas a todos y ceder el control de su departamen­ to de economía. Pero eso es parte de la pequeña historia. No deja de tener interés, como cosa curiosa, que Hayek no consiguiera nunca una plaza permanente en la Universidad de Chicago, después de pelear por ello durante décadas. En sus escritos explicó más de una vez que los investigadores debían tener su puesto garantizado, fuera del mercado, por razones similares a las que justifican la inamovilidad de los jueces: no en beneficio propio, sino porque “sirven mejor al interés público” si se hallan protegidos contra toda presión exterior. Y se quejaba por eso en sus últimos años de que se veía obligado a hacerlo todo por dinero. Los “Chicago boys” forman parte del folclore político latinoamericano de los años setenta, pero no sin razón. La escuela de Friedman, Stigler, Be­ cker, Posner, fue durante décadas la columna vertebral del proyecto neoli­ beral. Y tuvo orgullosos discípulos en todo el mundo, en Chile, para empezar. A partir de ese eje académico creció la red de fundaciones y centros de estudio dedicados a preparar propuestas concretas en todos los campos. Eran años de expansión económica, de ascenso del Estado de bienestar, años y décadas de éxito de las políticas de desarrollo, y no había mucho margen para las recomendaciones neoliberales. Lo más interesante, en ese contexto, es que las fundaciones afines a la Mont Pélerin Society mantuviesen contra viento y marea el radicalismo de Hayek o Mises, que parecía estar completa­ mente fuera de lugar, pero que fue seguramente el principal motivo de su éxito en los años setenta. El programa lo explicó bien Arthur Seldon, del Instiute for Economic Affairs: se trata de llevar adelante el análisis sin reparos y llegar a las últimas consecuencias, sin importar que parezcan políticamente imposibles de rea­ lizar o que vayan en contra de la sensibilidad mayoritaria, es decir, se trata de pensar lo impensable: desafiar al sentido común. La estrategia acabó teniendo éxito, un éxito abrumador. No es del todo extraño. Por un lado, permitía a sus intelectuales separarse de la discusión cotidiana, en la que se proponían pequeños ajustes, reformas de detalle, que