está en proceso de ser asignado a ellos; aunque los papeles aún no han sido firmados, aunque las manos no han sido estrechadas.
Yenny León es la misionera encargada de oficializar la disputa que ya tiene tres años de proceso. En una provechosa llamada telefónica hablaba con somera predisposición acerca de los altos y bajos de la agitada situación. "Cada una de las organizaciones que desean administrar el puesto de salud ha venido presentado diferentes razones para que se les autorice la posesión de la propiedad. La palabra de los líderes no basta, por eso han presentado ante el juez un proyecto que asegure a mediano plazo el adecuado mantenimiento del lugar".
Aunque la comunidad de Julumito ha sufrido la negligencia del municipio, y el Puesto de Salud la de los habitantes de la vereda, esta disputa de mil días se ha visto frenada frente al opaco espejo de una Alcaldía que no sólo es confusa en su geografía, sino también en sus procedimientos. Cubiertos de polvo se encuentran los Derechos de Petición que Reynaldo envío a la Secretaria de Salud, aunque ella no lo sepa, la responsabilidad social y administrativa de la desdichada posada de la ausencia se encuentra en sus manos.
Por otro lado, son pocas las palabras de Otoniel Ortiz, pocas las razones para apelar y a la vez, agilizar y alertar a la vereda de Julumito acerca de un espacio desaprovechado que comunidades como las de él, pueden mantener en mejores condiciones. "Además se está desarrollando la investigación sobre si las tierras nos pertenecen o no, en todo caso, de ganar el juicio, convertiríamos el lugar en un sitio de encuentros para el Cabildo Indígena San José".
La vieja posada del silencio, sumergida en la laguna del olvido, tiene una última esperanza de respirar el humo de leña que cada mañana le da los buenos días a la vereda Julumito. La tensión aumenta en abril de 2014, la deteriorada casa será entregada a los brazos del amante ganador de la quimérica batalla. El vencedor se lo lleva a todo, la propiedad, el futuro de sus columnas de concreto agujeradas como los recuerdos cruzados de un anciano que ya no sabe cuándo ocurrió ésto o aquéllo.
El ganador de la disputa de los mil días deberá restaurar los lunares del sol sobre la piel de blanco color, las burbujas de lluvia que hacen del techo una atemorizante trampa de yeso y metal, los rotos espejos que guardan el registro de veranos desérticos y rebeldes inviernos. Deberá darle vida al jardín marchito del que nacían amarillos y esponjosos Dientes de León.
La disputa de los mil días pronto termina para entrar en otra de la cual, ni siquiera se infiere, la duración.
El proceso actual