HALBERSTADT
Es Navidad... Antes de pasar a buscar a los amigos con los que pasaré la Noche Buena, paseo tranquilamente por la ciudad. Por las ventanas de casas vetustas veo abetos amorosamente decorados, que brillan provistos de velas ardiendo; oigo risas de niños felices y siento Cuán alegres están los corazones de sus padres y madres. Estoy melancólico y contento al mismo tiempo. Ya anuncian las campanas la fiesta, la antiquísima fiesta de luz durante el rigor del invierno. El dios-sol Helios-Apolo, el dios sol Mitra, incluso Cronos padre de Zeus, deben de haber nacido en este día y seguirán siendo rejuvenecidos, naciendo de un vientre materno virginal. En la catedral de esta antigua ciudad, por el contrario, para la medianoche los coros anunciarán triunfantes: "¡ Para vosotros hoy ha nacido el Salvador, que es Cristo, el Señor de la ciudad de David!".
Lucifer se quejará si los hombres ignoran que antes, para estas fechas, se celebraba su cumpleaños y se pensaba en su retorno luminoso. A él, el portador de la luz, no se le hizo justicia, y nadie piensa en él. Yo seré su pensador; me pondré frente a la catedral de esta ciudad, a dos veces doce pasos de distancia del portal de entrada, y pasaré mis manos sobre una piedra que allí descansa. Una piedra que cayó del cielo: el diablo, encolerizado por la construcción de la catedral, debe de haberla lanzado hacia abajo, para que el edificio a medio construir fuera destruido. No acertó al blanco, se puede decir. La piedra se llama " piedra del diablo ", y desde el cielo fue lanzada por él.
¡ Vosotros, cristianos, llenos de contradicciones! En Colonia habéis hecho ascender al infierno a herejes, que habéis entregado a la hoguera, mientras que Isaías puso el infierno en el más profundo abismo. Y aquí, en Halberstadt, el diablo os ha arrojado una piedra desde el cielo, donde, desde luego, para gente como vosotros, el diablo es el príncipe del infierno insondable. Vosotros, cristianos, creéis a ojos cerrados.