LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 241

que, al sentirse miserable y vencido, estuvo por unos días de portero en un convento. Lo que Till hizo en su condición de portero también lo habría hecho igual de bien el archipoeta Nikolaus: permitió que estudiantes y cantores errantes entraran al convento y les sirvió lo que cocina y bodegas contenían; luego, junto con sus invitados, tomó las de Villadiego. Finalmente, Till cayó -quién no lo sabía- de cabeza en la tumba. En tercer lugar, Nikolaus me recuerda al lord Falstaff de Shakespeare, aquel celebrado barrigudo y odre de vino, que se echó a los caminos de Inglaterra, que hacía "cabalgar al diablo sobre el arco del violín" y que ahogaba con cava su dolor de que en la tierra ya no hubiera virtud. Sí: a Falstaff, "el picaro, execrable corruptor de la juventud, el viejo Satán de barba cana". El siempre comparaba su vida con una lanzadera de tejedor y al morir entró al regazo de Arturo. El regazo de Arturo no es el infierno, aseguró la señora Hurtig, dueña de la taberna de Eastcheaper, donde acostumbraba emborracharse Falstaff. La señora Hurtig lo asistió en sus últimas horas, hasta que se puso "frío como piedra". De lord Falstaff todavía tengo que decir todo tipo de cosas, porque fue un hereje... ASBACH EN EL WESTERWALD Debido a que en las cercanías de este pequeñísimo lugar hay un segundo Wambach, y debido a que los nombres de ambos poblados traen a la memoria a los Ases y Wanen, la estirpe divina de la mitología germánica, no temí dar un rodeo. El azar me cogió de manera inesperada, y desde otro punto de vista, porque me permitió saber lo siguiente: Hace menos de cien años, en 1830, una muchacha campesina que estaba cosechando desenterró una moneda de oro en perfecto estado, con la inscripción griega: Lysimakos