- “Yo soy aquel negrito del África tropical, que cultivaba cantando la canción del Cola-Cao”.
Ya me estáis imaginando; bailando “Thriller” y cantando la canción del Cola-Cao. He de decir que si en ese momento me llamarais “pato”, estaríais insultando a los de esa especie. En fin después de esa pésima actuación, grité con voz de burla:
- “¡Ven aquí pedazo de carbón!”
Y, el monstruo muy enfadado y algo confuso me persiguió por todo Nueva York, hasta llegar a un antiguo parque de atracciones abandonado, y empezó la acción:
El monstruo me intentó despistar corriendo por el carrusel, pero yo, decidida, levanté el aparato con mi súper fuerza y le golpeé; él cargó contra mí cogiendo un caballo de la atracción, y aprovechó que me caí al suelo del golpe, para intentar tirar la enorme noria encima de mí…¡cayó rozándome! ¡Por qué poco me libré de una buena!
Corrí hacia una atracción de espejos mágicos deformantes; él me seguía.
Entré allí, todo estaba en un absoluto e inquietante silencio; oí un ruido que venía de detrás de unas cortinas, y, de ellas salió ¡¿Una rata!?
- ¡Aaaaahhhhh!
¡Estaba detrás de mí! Después de darme un enorme susto, me tiró al suelo y me arrinconó, detrás de mi solo había un espejo...
Y dispuesto a acabar conmigo me miró fijamente a los ojos, pero antes de que pudiera hacer nada, cogí el espejo que tenía detrás y, aprovechando un pequeño rayo de luz que se colaba por una claraboya le apunté a los ojos, ¡como una superlinterna! Entonces, pocos segundos después, explotó, dejando caer del cielo todas las almas que había robado.
Sobrevolé toda la ciudad intentando encontrar a Adam, pero no había ni rastro.
- ¡Adam!
Le vi, era él, estaba a treinta metros de altura pero lo reconocí, e inmediatamente, bajé:
-¿Adam…? ¿Eres tú…? -pregunté mirándole directamente a sus ojos, ese inmenso océano que me había cautivado, desde el día en que lo vi por primera vez…
-Yo sí, soy Adam; Adam Olven… -dijo titubeante, pero, en realidad las palabras que me dijo después, me dolieron más que todos los golpes que recibí aquel día…
-Y, tú ¿quién eres…?
Se hizo un silencio doloroso y profundo… Después de que su alma fuera robada, Adam lo olvidó todo: la casa, la ciudad, el trabajo, e, incluso a mí…
Lloré; no podía contenerme más, y, cuando lo di todo por perdido, como un rayo de esperanza, que apareció en medio del desespero, un recuerdo surgió, una promesa, que sólo la persona más importante de mi vida sabía, e, inspirando profundamente, empecé a decir:
Y, aquí estoy, tres meses después, a punto de; esperad un momento:
-Sí, quiero.
-Yo os declaro marido y mujer, puedes besar a la novia.
Como iba diciendo, tres meses después, mi vida ha cambiado por completo:
Adam y yo nos hemos mudado a un apartamento mejor, más grande, donde, increíblemente ¡No se escucha el ruido del tráfico! También hemos decidido comprarnos un perrito, al que hemos llamado Súper -en mi honor, claro- Ah, y, por fin me he cambiado de despertador, he pasado del ¡Beep beep! Al ¡Riiiiiiing! La verdad, no sé si hubiera sido mejor quedarme con el antiguo... También os he de decir que al final presenté la noticia al New York Times, y, les gustó tanto a los jefes que decidieron hacerme directora de redacción y todo…
Pero; me estoy olvidando de algo… Hmmm, ¡Ah sí! ¡Que me acabo de casar con Adam!
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Col.legi Sagrat Cor de Jesús