LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 63
Voy a un negocio de hombres, esta vez te quedas en casa, dijo
Cipriano Algor al perro, que vino corriendo cuando lo vio acercarse a la
furgoneta. Está claro que Encontrado no necesitaba que le ordenasen
subir, bastaba que dejaran abierta la puerta del coche el tiempo
suficiente para comprender que no lo iban a expulsar después, pero la
causa real de la sobresaltada carrera, por muy extraño que parezca,
fue la suposición, en su ansiedad de perro, de que lo iban a dejar solo.
Marta, que salió a la explanada conversando con el padre y lo
acompañaba hasta la furgoneta, llevaba en la mano el sobre con los
dibujos y la propuesta, y aunque el perro Encontrado no tenga ideas
claras acerca de lo que son y para qué sirven sobres, propuestas y
dibujos, conoce de la vida, más que de sobra, que las personas que se
disponen a entrar en coches suelen llevar consigo cosas que, por lo
general, incluso antes de subir, echan en el asiento de atrás. Instruido
por estas experiencias, se comprende que la memoria de Encontrado le
haya hecho pensar que Marta acompañaría al padre en esta nueva
salida de la furgoneta. Pese a los pocos días transcurridos desde su
llegada, no tiene dudas de que la casa de los dueños es su casa, pero
su sentido de la propiedad, por incipiente, todavía no lo autoriza a
decir mirando alrededor, Todo esto es mío. Además, un perro, sea cual
sea el tamaño, la raza y el carácter, jamás se atrevería a pronunciar
palabras tan brutalmente posesivas, diría, como mucho, Todo esto es
nuestro, e incluso así, retomando el caso particular de estos alfareros y
de sus bienes muebles e inmuebles, el perro Encontrado ni de aquí a
diez años será capaz de verse como tercer propietario. Quizá lo
máximo que consiga alcanzar cuando sea perro viejo es el oscuro y
vago sentimiento de participar en algo arriesgadamente complejo y,
por así decirlo, de escurridizas significaciones, un todo hecho de partes
en que cada una es, al mismo tiempo, la parte que es y el todo del que
forma parte. Ideas aventuradas como ésta, que el cerebro humano,
grosso modo, es más o menos capaz de concebir, pero que luego tiene
una enorme dificultad en desmenuzar, son el pan nuestro de cada día
en las diferentes naciones caninas, tanto desde un punto de vista
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