LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 245
causa del animal, este amor, por muy grande que sea, no llega a
tanto, es que piensa que Encontrado no está solo y que, si no está
solo, sólo hay una persona en el mundo que pueda estar con él. Abrió
la puerta de la furgoneta, de un brinco el perro se le subió a los
brazos, al fin el perro fue el primero, y le lamía la cara y no lo dejaba
ver el camino, ese en el que aparece atónita Isaura Madruga,
suspéndase ahora todo, por favor, que nadie hable, que nadie se
mueva, que nadie se entrometa, ésta es la escena conmovedora por
excelencia, el coche que viene subiendo la ladera, la mujer que en lo
alto da dos pasos y de pronto no puede andar más, vean sus manos
apretadas contra el pecho, a Cipriano Algor que sale de la furgoneta
como si entrara en un sueño, Encontrado que va detrás y se le enreda
en las piernas, sin embargo no sucederá nada malo, era lo que faltaba,
caerse antiestéticamente uno de los personajes principales en el
momento culminante de la acción, este abrazo y este beso, estos
besos y estos abrazos, cuántas veces será necesario que os recuerde
que el mismo amor que devora está suplicando que lo devoren,
siempre ha sido así, siempre, pero hay ocasiones en que nos damos
más cuenta. En un intervalo entre dos besos Cipriano Algor preguntó,
Y cómo es que estás aquí, pero Isaura no respondió en seguida, había
otros besos que dar y recibir, tan urgentes como el primero de todos,
por fin tuvo aliento suficiente para decir, Encontrado huyó al día
siguiente de que te fueras, abrió un agujero en la cerca del huerto y se
vino aquí, no hubo manera de obligarlo a volver, estaba decidido a
esperarte hasta no sé cuándo, el único remedio era dejarlo, traerle la
comida y el agua, hacerle un poco de compañía, aunque yo crea que
no la necesitaba. Cipriano Algor buscaba en los bolsillos la llave de
casa, mientras iba pensando e imaginando, Vamos a entrar los dos,
vamos a entrar juntos, y la tenía finalmente en la mano cuando vio
que la puerta estaba abierta, que es como deben estar las puertas
para quien, viniendo de lejos, llega, no necesitó preguntar por qué,
Isaura le decía tranquilamente, Marta me dejó una llave para que
viniera de vez en cuando a airear la casa, a limpiarle el polvo, así, con
esto de Encontrado, he estado viniendo todos los días, por la mañana
antes de ir a la tienda, y al final de la tarde, después de acabar el
trabajo. Dio la sensación de que tenía algo más que añadir, pero los
labios se le cerraron con firmeza como para impedir el paso a las
palabras, no saldréis de ahí, ordenaban, pero ellas se juntaron,
unieron fuerzas, y lo máximo que el pudor consiguió fue que Isaura
bajara la cabeza y redujera la voz a un murmullo, Una noche me
quedé a dormir en tu cama, dijo. Entendámonos, este hombre es
alfarero, trabajador manual por tanto, sin finuras de formación
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