LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 241

existieron o no, dijo Cipriano Algor, las pruebas están aquí, cada cual sacará las conclusiones que crea justas, yo ya tengo las mías. El foco volvió a su sitio, la oscuridad también, después Cipriano Algor preguntó, Quieres que me quede haciéndote compañía, No, gracias, dijo Marcial, vuelva a casa, Marta debe de estar angustiada, pensando lo peor, Entonces, hasta luego, Hasta luego, padre, hizo una pausa, y luego, con una sonrisa medio constreñida, como de un adolescente que se retrae en el mismo instante en que se entrega, añadió, Gracias por haber venido. Cipriano Algor miró el reloj cuando llegó al piso cero-cinco. Eran las cuatro y media. El montacargas lo llevó al trigésimo cuarto piso. Nadie lo había visto. Marta le abrió la puerta silenciosamente, con los mismos cuidados volvió a cerrarla, Cómo está Marcial, preguntó, Está bien, no te preocupes, tienes un gran hombre, te lo digo yo, Qué hay abajo, Deja que me siente primero, estoy como si me hubiesen dado una paliza, estos esfuerzos ya no son para mi edad, Qué hay abajo, volvió a preguntar Marta después de haberse sentado, Abajo hay seis personas muertas, tres hombres y tres mujeres, No me sorprende, era exactamente lo que pensaba, que se trataría de restos humanos, sucede con frecuencia en las excavaciones, lo que no comprendo es por qué todos estos misterios, tanto secreto, tanta vigilancia, los huesos no huyen, y no creo que robarlos mereciese el trabajo que daría, Si hubieses bajado conmigo comprenderías, todavía estás a tiempo de ir allí, Deje esas ideas, No es fácil dejar esas ideas después de haber visto lo que he visto, Qué ha visto, quiénes son esas personas, Esas personas somos nosotros, dijo Cipriano Algor, Qué quiere decir, Que somos nosotros, yo, tú, Marcial, el Centro todo, probablemente el mundo, Por favor, explíquese, Pon atención, escucha. La historia tardó media hora en ser contada. Marta la oyó sin interrumpir una sola vez. Al final, dijo, Sí, creo que tiene razón, somos nosotros. No hablaron más hasta que llegó Marcial. Cuando entró, Marta se le abrazó con fuerza, Qué vamos a hacer, preguntó, pero Marcial no tuvo tiempo de responder. Con voz firme, Cipriano Algor decía, Vosotros decidiréis vuestras vidas, yo me voy. 241