LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 232
una palabra aquí, otra palabra allá, un sobrentendido, un intercambio
de miradas, un súbito silencio, pequeñas grietas dispersas que se van
abriendo en el muro, el arte del investigador está en saber
aproximarlas, en eliminar las aristas que las separan, llegará siempre
un momento en que nos preguntemos si el sueño, la ambición, la
esperanza secreta de los secretos no será, finalmente, la posibilidad,
aunque vaga, aunque remota, de dejar de serlo. Cipriano Algor se
desnudó, apagó la luz, pensó que iba a pasar una noche de insomnio,
pero al cabo de cinco minutos ya dormía en un sueño tan espeso, tan
opaco, que ni siquiera Isaura Madruga habría podido escudriñar tras la
última puerta que en él se cerraba.
Cuando Cipriano Algor salió del dormitorio, más tarde de lo que solía,
el yerno ya se había marchado al trabajo. Todavía medio soñoliento
dio los buenos días a la hija, se sentó a desayunar, y en ese instante
sonó el teléfono. Marta fue a atender y volvió sin tardar, Es para usted.
El corazón de Cipriano Algor dio un salto, Para mí, quién puede querer
hablar conmigo, preguntó, ya segurísimo de que la hija le iba a
responder, Es Isaura, pero lo que ella dijo fue, Es del departamento de
compras, un subjefe. Indeciso entre la decepción de que la llamada no
procediera de quien le gustaría y el alivio de no tener que explicar a la
hija la razón de estas intimidades con la vecina, aunque no debamos
olvidar que podría simplemente tratarse de algún asunto referente a
Encontrado, la tristeza de la ausencia, por ejemplo, Cipriano Algor se
dirigió al teléfono, dijo quién era y poco después tenía al otro lado de
la línea al subjefe simpático, Ha sido una sorpresa para mí saber que
se había venido a vivir al Centro, como ve, el diablo no está siempre
detrás de la puerta, es un dicho antiguo, pero mucho más verdadero
de lo que se imagina, De hecho es así, dijo Cipriano Algor, El motivo
de esta llamada es pedirle que se pase por aquí esta tarde para cobrar
las figurillas, Qué figurillas, Las trescientas que nos entregó para el
muestreo, Pero esos muñecos no fueron vendidos, por tanto no hay
nada que cobrar, Querido señor, dijo el subjefe con inesperada
severidad en la voz, permita que seamos nosotros los jueces de esa
cuestión, de todos modos quede sabiendo desde ya que, aunque un
pago represente un perjuicio de más del cien por cien, como ha
sucedido en este caso, el Centro liquida siempre sus cuentas, es una
cuestión de ética, ahora que vive con nosotros podrá empezar a
comprender mejor, De acuerdo, pero no entiendo por qué el perjuicio
se eleva a más del cien por cien, Por no pensar en estas cosas las
economías familiares van a la ruina, Qué pena no haberlo sabido
antes, Tome nota, en primer lugar vamos a pagar por las figurillas el
valor exacto que nos fue facturado, ni un céntimo menos, Hasta ahí
232