LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 226
éramos unos treinta, había algunos que se estrenaban, como yo, otros
que, según me pareció saber, iban allí de vez en cuando, y por lo
menos cinco eran veteranos, le oí decir a uno Esto es como una droga,
se prueba y se queda uno enganchado. Y luego, preguntó Marta, Luego
comenzó a llover, primero unas gotitas, después un poco más fuerte,
todos abrimos el paraguas, y entonces el altavoz dio orden de que
avanzásemos, no se puede describir, es necesario haberlo vivido, la
lluvia comenzó a caer torrencialmente, de pronto se levantó una
ventisca, viene una ráfaga, otra, hay paraguas que se vuelven, gorros
que se escapan de la cabeza, las mujeres gritando para no reír, los
hombres riendo para no gritar, y el viento aumenta, es un ciclón, las
personas se escurren, se caen, se levantan, vuelven a caerse, la lluvia
se hace diluvio, empleamos unos buenos diez minutos en recorrer
calculo que unos veinticinco o treinta metros, Y luego, preguntó Marta
bostezando, Luego volvimos hacia atrás y en seguida comenzó a
nevar, al principio unos copos dispersos que parecían hebras de
algodón, después cada vez más gruesos, caían ante nosotros como
una cortina que apenas dejaba ver a los colegas, algunos seguían con
los paraguas abiertos, lo que sólo servía para entorpecer los
movimientos, finalmente llegamos al vestuario y allí hacía un sol que
era un esplendor, Un sol en el vestuario, dudó Marcial, Entonces ya no
era un vestuario sino una especie de campiña, Y ésas fueron las
sensaciones naturales, preguntó Marta, Sí, No es nada que no pase
fuera todos los días, Ese fue precisamente mi comentario cuando
estábamos devolviendo el material, y más me hubiera valido quedarme
callado, Por qué, Uno de los veteranos me miró con desdén y dijo Qué
pena me da, nunca podrá comprender. Ayudada por el marido, Marta
comenzó a quitar la mesa. Mañana o pasado voy a la playa, anunció
Cipriano Algor, Ahí sí fui una vez, dijo Marcial, Y cómo es, Género
tropical, hace mucho calor y el agua es tibia, Y la arena, No hay arena,
es una imitación de plástico, pero de lejos parece auténtica, Olas no
hay, claro, Se equivoca, tienen un mecanismo que produce una
ondulación igualita a la del mar, No me digas, Como le digo, Las cosas
que los hombres son capaces de inventar, Sí, dijo Marcial, es un poco
triste. Cipriano Algor se levantó, dio dos vueltas, le pidió un libro a la
hija y cuando iba a entrar en su dormitorio dijo, Estuve por ahí abajo,
el suelo ya no vibra, y no se oye ruido de excavadoras, y Marcial
respondió, Deben de haber terminado el trabajo.
226