LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Seite 158

Mejor así, dijo Cipriano Algor, y siguió vertiendo la mezcla de yeso dentro del molde. Le temblaban un poco las manos. Ya vengo a ayudarlo, voy a cambiarme de ropa, dijo Marcial. Marta no siguió al marido. Un minuto después, Cipriano Algor, sin mirarla, le preguntó, Quieres algo, No, no quiero nada, sólo estaba viendo su trabajo. Pasó otro minuto, y fue el turno de que Marta preguntara, No se siente bien, Claro que me siento bien, Lo encuentro muy extraño, diferente, Eso son tus ojos, En general, mis ojos están de acuerdo conmigo, Tienes suerte, yo nunca sé con quién estoy de acuerdo, respondió el padre secamente. Marcial no podría tardar mucho. Marta volvió a preguntar, Ha pasado algo en nuestra ausencia. El padre dejó el cubo en el suelo, se limpió las manos con un trapo, y respondió mirando a la hija de frente, Apareció por aquí Isaura, esa Estudiosa, o Madruga, o comoquiera que se llame, venía para hablar contigo, Isaura vino, Con más palabras, creo que ha sido lo que acabo de decirte, No todos tenemos sus capacidades analíticas, y qué quería, si se puede saber, Darte noticia de que ha encontrado trabajo, Dónde, Aquí, Me alegro, me alegro mucho, luego iré a su casa. Cipriano Algor había pasado a ocuparse de otro molde, Padre, comenzó a decir Marta, pero él la interrumpió, Si es sobre este asunto, te pido que no sigas, lo que me pidieron que te transmitiera ya lo sabes, sobran cualesquiera otras palabras, A las semillas también las entierran, y acaban naciendo, perdone si el asunto es el mismo. Cipriano Algor no respondió. Entre la salida de la hija y el regreso del yerno se daría otro puñetazo en la cabeza. 158