LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 150
eso el viaje me va a servir para airear la cabeza, que bien necesitada
está, sólo consigo pensar en moldes, táceles y mezclas, También
servirá para que yo me airee, así que iremos ambos a buscar a
Marcial, y Encontrado se queda guardando el castillo, Si es eso lo que
quieres, Déjelo, estaba bromeando, usted suele ir a buscar a Marcial,
yo suelo quedarme en casa, viva la costumbre, En serio, vamos, En
serio, vaya. Sonrieron los dos y el debate de la cuestión central, es
decir, las razones objetivas y subjetivas de la costumbre, quedó
pospuesto. A la tarde, llegada la hora, y sin haberse mudado la ropa
de trabajo para no perder tiempo, Cipriano Algor se puso en camino.
Cuando ya iba a salir del pueblo se dio cuenta de que no había vuelto
la cabeza al pasar ante la calle donde vive Isaura Madruga, y cuando
aquí se dice volver la cabeza, tanto se entiende hacia un lado como
hacia el otro, pues Cipriano Algor, en días pasados, unas veces había
mirado para ver si veía, otras veces para donde tenía la seguridad de
que no vería. Le cruzó la idea de preguntarse a sí mismo cómo
interpretaba la desconcertante indiferencia, pero una piedra en medio
de la carretera lo distrajo, y la ocasión se perdió. El viaje hacia la
ciudad transcurrió sin dificultad, sólo tuvo que sufrir un atraso causado
por una barrera de la policía que detenía un coche sí un coche no a fin
de examinar los documentos de los conductores. Mientras esperaba
que se los devolviesen, Cipriano Algor tuvo tiempo de observar que la
línea limítrofe de las chabolas parecía haberse dislocado un poco en
dirección a la carretera, Cualquier día vuelven a empujarlas hacia
atrás, pensó.
Marcial ya estaba a la espera. Disculpa que me haya retrasado, dijo el
suegro, debía haber salido más temprano de casa, y luego la policía
quiso meter la nariz en los papeles, Cómo está Marta, preguntó
Marcial, ayer no pude telefonear, Creo que se encuentra bien, en todo
caso deberías hablarle, está comiendo poco, sin apetito, ella dice que
en las mujeres embarazadas es normal, puede que lo sea, de esas
cosas no entiendo, pero yo que tú no me fiaría, Hablaré con ella, esté
tranquilo, a lo mejor está así porque es el principio del embarazo, No
sabemos nada, ante estas cosas somos como un niño perdido, tienes
que llevarla al médico. Marcial no respondió. El suegro se calló.
Seguramente estaban los dos pensando en lo mismo, que en el
hospital del Centro la observarían como en ningún otro lugar, por lo
menos es lo que proclama la voz popular, y más, siendo mujer de un
empleado, aunque no es condición residir allí para ser
competentemente atendida. Pasado un minuto, Cipriano Algor dijo,
Cuando quieras yo traigo a Marta. Habían salido de la ciudad, podían
circular más deprisa. Marcial preguntó, Cómo va el trabajo, Todavía
150