LA 20 ANDA DICIENDO
Los ojos de San Martín se empañan. Sí, el gran general, el libertador de
América también se emociona, y eso no le da ni un poco de vergüenza.
–No te pongas triste, abuelito… –dice Merceditas, que se puso de pie y
ahora le acaricia la mejilla.
Esa manito suave en su piel curtida es todo lo que José necesita para
superar la nostalgia. ¡Qué ternura le generan la inocencia y esas muestras de cariño de sus nietas!
Un hombre tan grande como Belgrano y que a pesar de
haberla pasado tan mal, siempre mantenía el sentido del
humor, merece que lo recordemos con alegría.
–Es cierto, un hombre tan grande como Belgrano y que a pesar de
haberla pasado tan mal, siempre mantenía el sentido del humor, merece que
lo recordemos con alegría –afirma.
–¡Alegría! ¡Como en el circo! –exclama Pepita dando un brinco.
–¡Gracias chicuelas!
–¿Gracias por qué, abuelito?
–Por alegrarme los días y ayudarme a recordar a amigos tan queridos
como Manuel, un grande de verdad.