LA 20 ANDA DICIENDO
–Contanos, abuelito… –pide muy seria Merceditas.
«Antes de las victorias de Tucumán y Salta, Belgrano había estado con
su ejército en Jujuy. Allí, cuando los españoles ya estaban muy cerca, a
punto de invadirlos, él tuvo una idea brillante: decidió que las tropas y la población completa debían irse, abandonar todo. Así que condujo a
soldados, niños, viejos y mujeres a través de desiertos, valles y montañas, hasta que llegaron a Tucumán. Piensen en toda esa gente que tuvo que dejar sus casas, sus tierras, y caminar cientos de kilómetros bajo los rayos del sol y en las noches heladas, ¡fue un acto heroico! Como resultado de este éxodo, cuando los españoles llegaron a Jujuy, se encontraron con que no había… ¡nadie ni nada!»
Como resultado de este éxodo, cuando los españoles
llegaron a Jujuy, se encontraron con que no había… ¡nadie
ni nada!
El abuelo dice fuerte estas palabras y Pepita da un respingo.
«El enemigo encontró tierra arrasada: ni alimentos, ni animales, ni
armas. Poco tiempo después, ya en Tucumán, Belgrano y su ejército
patriota volvieron a tener a los realistas pisándoles los talones. Desde el gobierno, le ordenaron a Belgrano no enfrentarlos y emprender la retirada.
Pero él decidió desobedecer. Irse con sus tropas significaba dejar que los españoles pudiesen saquear todo a su antojo, pero además, tenía un ejército de valientes dispuestos a pelear y a un pueblo que lo apoyaba, que ya había hecho la patriada de abandonar sus casas y todas sus pertenencias. Así que Belgrano se quedó para dar batalla, y el mismo año en que triunfamos en San Lorenzo, él consiguió la victoria de Salta.