Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 341
“ Desde el momento en que uno tiene necesidad o deseo de sus enemigos, no se puede contar más que con amigos. Incluidos ahí los enemigos, y a la inversa. Es esta la locura que nos acecha.”
Derrida
Primer apunte
En el 2010 Tomás González publicó en Colombia su quinta novela, Abraham entre bandidos. Desde el título y la ilustración de la tapa – un dibujo hecho por Mateo Pizarro que muestra a un hombre de espaldas caminando cabizbajo entre el monte- se presume una novela que fluctúa, una novela que tiembla, una novela del entre. La fluctuación y el temblor son huellas que se repiten( y que se diferencian) en distintas representaciones de la violencia que, a lo largo del siglo XX y en lo que va del XXI, han producido la literatura y el arte en Colombia. Un ejemplo emblemático de esa fluctuación, de ese temblor, es el famoso cuadro de Alejandro Obregón apenas titulado Violencia. Es un cuadro de 1962 en el que el cuerpo de una mujer embarazada, sin brazos, fluctuante entre la muerte y la vida, se funde hasta la confusión con el paisaje gris y tembloroso. Un cuerpo que fluctúa entre su materialidad descompuesta, mutilada, violentada, y el entorno geográfico, también descompuesto, violentado, temblante, del paisaje donde sobreviene la Violencia. Este cuadro“ a pesar de su carácter trágico,- señala Eduardo Escobar- comunica una extraña serenidad: el cielo moribundo, ensombreciéndose en un volumen premonitorio, es una meditación que trasciende la mera figuración del mundo.”( Escobar, 2012: 26) En efecto, el cuerpo impotente de la mujer embarazada( un solo diminuto toque rojo bajo el pecho caído sintetiza la sangre de su muerte, la muerte de su sangre) potencia la carga simbólica al descubrirse él mismo paisaje, territorio montañoso donde esa violencia es causa y efecto de la situación de su cuerpo, de sus cuerpos. El propio Obregón señala que al cubrir con las manos el rostro de la mujer, de su cuerpo surge un paisaje con su volcán y su montaña:“ Violencia – dice el artista entrevistadopodría asimilarse a una mujer asesinada que asemeja la cordillera del Quindío.”( Auqué Lara: s / p) Es en esta cordillera, en esta geografía temblorosa que fluctúa entre la tierra caliente, la tierra templada y la tierra fría, en este paisaje que ondea entre los cafetales y los ríos, donde la violencia partidista de mediados del siglo XX, la Violencia con mayúsculas que el cuadro de Obregón sintetiza de manera espeluznante, tuvo sus más horrendas cuotas.
Segundo apunte
Se calcula que en ese periodo, el de la Violencia con mayúscula, fechado entre 1948 y 1964, fueron asesinados cerca de 200.000 colombianos y más de dos millones de campesinos fueron obligados a dejar sus tierras y a trasladarse a los cascos urbanos y a las capitales de sus regiones. La última fase de la Violencia, que coincide con los primeros gobiernos del Frente Nacional, dio pié a que, principalmente en esa cordillera y en los departamentos de Quindío, Valle del Cauca y Tolima, se asentara el fenómeno del bandolerismo como una expresión de la crisis de las relaciones entre las poblaciones campesinas, los movimientos sociales, el Estado, los partidos políticos y los actores armados.( Sánchez y Meertens, 2006: 9) Gonzalo Sánchez y Donny Meertens, en su ya clásico estudio Bandoleros, gamonales y campesinos, señalan que el fenómeno del bandolerismo en Colombia, además de ser un bandolerismo social del tipo identificado por Hobsbawm( 2001), tiene la particularidad de ser un bandolerismo