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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 327
construir un espacio para la experiencia. Se traza pues, un esbozo del programa estético: el momento que precede a la muerte, del esfuerzo por expresar lo inasible, por hacer legible lo ilegible 231 de la muerte, un estado de agonía.
Su lectura sugiere diversas perspectivas, entre las que se cuenta la muerte como un acontecimiento humano, como vivencia subjetiva, como parte de la observación del mundo, como telón para la elaboración de historias que sustentan la experiencia de una familia o de una colectividad, como una puerta entreabierta a esa“ horripilante violencia política” que no precisa de fechas o magnicidios, ni de respuestas nacionales. En esa medida, se lee un llamado a la crítica, que en la vigencia de las palabras de Benjamin interrogarían las historias que pueblan la literatura:
Hoy los ciudadanos, en espacios intocados por la muerte, son flamantes residentes de la eternidad, y en el ocaso de sus vidas, son depositados por sus herederos en sanatorios u hospitales. Pero es ante nada en el moribundo que, no sólo el saber y la sabiduría del hombre adquieren una forma transmisible, sino sobre todo su vida vivida, y ése es el material del que nacen las historias.( Benjamin, 2008: 33)
El hígado se pierde como el humo bajo un ramalazo de viento. Los pulmones se hacen agua, tierra, viento. Se pudre el corazón, abriéndose en libélulas, avispas, matorrales. Se desmontan los oídos.
Se destejen las mejillas. Son devueltos los cristales, son devueltos los calcios y las sales mientras soles, muchos soles, no han dejado de brillar para otras vidas
Tomado de“ Manglares”. Tomás González.
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Lo legible e ilegible en Derrida. Tomado de una entrevista a Derrida. Revista de Occidente.