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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 321
“ Todo objeto sin excepción, ya sea creado por la naturaleza o por la mano del hombre, es un ente con vida propia que inevitablemente emite algún sentido”( Kandinsky)
“… Con relación a la luz, los llamados objetos inanimados son seres tan vivos como las plantas, como uno”
( T. González)
Para Fernando Aínsa, la lectura del espacio en la literatura va más allá de la descripción, ya que, el campo de la experiencia, busca que un conjunto de lenguajes puedan representar esa“ geografía de la vida cotidiana”( Aínsa, 2008: 45). En ese sentido, en la literatura latinoamericana, los referentes espaciales conforman una cartografía en continuo cambio, dadas las condiciones de producción y consagración de una obra.
Dentro de la memoria literaria, la selva abre las puertas de un viaje fundacional y dantesco en el que el paso violento del colono teje un paisaje reconocido en la narrativa latinoamericana( 2008:45). Tras el encuentro con otras realidades lingüísticas e histórico-culturales, la experiencia de desplazamiento del personaje dentro de la selva, se complejiza.
En este contexto, hablar de la violencia en la novela ya se cuenta como un foco de la tradición literaria en Colombia. Esta afirmación ha venido consolidándose en los vínculos formados desde la crítica y el movimiento editorial, reforzando el motivo de las narraciones en el testimonio de la violencia política y del narcotráfico. Sin embargo, esas narraciones de la violencia se encuentran ante la experiencia individual y, por tanto, con otro tipo de expresión en la inclemencia de la naturaleza o en el resonar de la muerte que enciende los últimos instantes de la vida, tal como ocurre en a literatura de Tomás González.
Teniendo en cuenta algunas de las novelas 222 de este escritor paisa, se encuentra que esa naturaleza selvática llega a fragmentarse en la novela“ La luz difícil” ya que en el marco de lectura del espacio literario, ya no se trata de enfrentar directamente el rigor de la selva sino de evocarla constantemente, de anhelar el retorno a ella como un ejercicio de la nostalgia. A pesar de la lejanía de la selva colombiana, el narrador no deja de lado el enriquecimiento de lo cotidiano ni el ejercicio de percepción de los objetos, simplemente resignifica su espacio a partir del lenguaje, delimitando con sus sentidos tanto la vida como la muerte.
A esta altura, se proyectan entonces tres aspectos significativos en la novela“ la luz difícil”, en donde se conjuga el ejercicio de la percepción y el de la enunciación 223 como parte del hacer literario: Primero, la experiencia del desplazamiento encuadrado en la escenificación de los recuerdos. En segundo término, la experiencia del proceso creador del sujeto, a partir de la reflexión e imaginación de los objetos en el espacio. Y finalmente, la frontera en la que vacila la vida y la muerte, la agonía como umbral.
Como eje de interés de estos aspectos, el concepto de experiencia sirve de vaso comunicante. En términos de Benjamin, se hablaría de la experiencia en el orden de su elaboración, es decir, del contexto artístico de la obra literaria. Para Benjamin“ recordar y
222
“ Primero estaba el mar”( 1983),“ Abraham entre bandidos”( 2000).
223
Este concepto trabajado por Walter Benjamin contraría la percepción Kantiana, propone la percepción como la posibilidad de despertar ante la ensoñación constante de la técnica, de la industria y por lo tanto, repercute en el sentido de la experiencia y el conocimiento de experiencia.( Benjamin, 1980: 33-38). Respecto a la enunciación, se habla del resultado de acto enunciativo en el contexto de una operación estética, a partir de la cual es posible reconocer elementos significativos en la obra literaria. Y que dan cuenta del conocimiento de la experiencia.( Bajtín, 2003: 314)