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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 306
hecho que se vuelve más fuerte paulatinamente a lo largo del trabajo de este escritor. La escritura performática comprende así acciones en los enunciados, las palabras no representan son; desde Austin se habla de hacer con palabras y de la posibilidad que existe en ellas de provocar transformación. Centrarse en las pequeñas historias del poemario, permiten pensarlas como un indicio que avizora la narrativa de Zambra, allí, los títulos tienen una relación con lo mínimo y con la construcción de espacios: la ventana, el umbral, la habitación, pieza o nota, están marcadas por el paso del tiempo, por el acto de las palabras y por la modificación que señalan la lectura de lo que ha sido escrito.
En el segundo libro de Zambra, Mudanza( 1997), se perciben los rasgos del primer poemario, en él se habla de alguien que entra en movimiento al dejar un espacio lleno de presencias, voces que controlan la voz de quien guía el poemario, el movimiento se produce desde la quietud de una mujer que desde su postura provoca las acciones e imágenes que allí se recrean. Pero, ¿ Por qué los desplazamientos? ¿ Quiénes son los personajes que atacan al yo poético? La expresión treinta veces me avisaron que me fuera y no volviera( 1997), es reiterativa, la palabra se vuelve amenaza y denuncia, se convierte en el eco que persigue al escritor.
La escritura es un entramado de sí misma relacionada con las voces externas que resuenan en ella,“ no hay mayores digresiones en la prosa esta mañana, / es ahora cuando cruzo sin sonido los umbrales, los pasillos interiores, las aldabas, los descansos y las pausa”( 1997) reguardadas en los objetos las voces son las ruinas del tiempo que se agolpan nuevamente para recordar lo sucedido, una persecución que se lleva a cabo en el yo poético.
Bonsái( 2010) la primera novela de Zambra, configura un boceto compuesto de trazos limpios y silenciosos de los poemarios que con el paso de la escritura se transformaron en narrativa. Bonsái no sólo es el principio de una serie de novelas que se construyen como secuelas de la anterior, la historia que se desprende en las historias narradas de La vida privada de los árboles( 2007) o Formas de volver a casa( 2011), es construida por un lenguaje mínimo que economiza las formas y poda los enramados para devenir escritura / devenir novela.
El nacimiento de la obra surge así de imágenes, Zambra menciona en un artículo( 2012) cómo después de haber visto una fotografía de la serie Wrapped Trees, es interpelado por la imagen que lo extraña, lo hace sentir en términos formalistas extrañado ante algo que aparentemente es conocido, al ver los árboles encerrados, cercados, vislumbra la figura del Bonsái y la intervención que lo lleva a ser este objeto miniatura; después de una búsqueda por manuales y libros que hablan sobre su cuidado, intuye cómo en el podar, y en cercar existe la posibilidad de crecimiento relacionándolo con la manera de explicar su concepción de escritura:
Escribir es como cuidar un Bonsái, pensé entonces, pienso ahora: escribir es podar el ramaje hasta hacer visible una forma que ya estaba allí, agazapada: escribir es alambrar el lenguaje para que las palabras digan, por una vez, lo que queremos decir; escribir es leer un texto no escrito �( 2012:143)
Subrayo varias partes del fragmento citado como: podar el ramaje hasta hacer visible una forma que ya estaba allí, ya que al ver Bonsái como objeto-libro, lo primero que causa extrañamiento es su corta extensión, no sólo porque cuestiona el género sino porque en él se presenta una posición frente a lo literario, la posición de una literatura intimista que pretende ser descubierta en lo mínimo, Zambra menciona cómo la escritura de este libro consistió en quitar las partes que se añadían al hacerlo, de manera que llegó a pensarlo como el resumen
El subrayado es mío