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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 264
Cerrando este nivel, tenemos una serie de ataques a través de los cuales Uribe acusa a Coronell de " hablar mal de Colombia y del gobierno " y de mentirle al país. Al igual que como ocurre con los demás Ad Hominem formulados por Uribe, estos son desplegados para evadir preguntas o pedidos de aclaración y carecen de cualquier relación con los temas en cuestión( véase por ejemplo el Fragmento 1). Pero este grupo de ataques en particular es apuntalado sobre un conjunto de datos: Coronell le habría mentido al país al denunciar « falsas » amenazas contra su vida y habría hablado mal de Colombia y del gobierno al haber participado en la elaboración de libros difamatorios contra Uribe, todo lo cual parece verse agravado por el hecho de que dichas « mentiras » y « difamaciones » hayan sido conocidas en el exterior. Sin embargo, ambos datos fueron desvirtuados durante el debate: el tema de las amenazas fue debidamente esclarecido por Coronell y Uribe se negó a aclarar cuáles habrían sido aquellos libros difamatorios y de qué manera se comprobaría la participación de Coronell en estos.
En general, este grupo de ataques se caracteriza, en primer lugar, porque apuntan a minar el ethos prediscursivo de Coronell, rompiendo la imagen de credibilidad que este ha construido a lo largo de su carrera; y, en segundo lugar, porque se basan en el establecimiento de relaciones de identidad entre « el gobierno » y « el país », o entre « el Estado » y « el país », de manera que " hablar mal " del gobierno o criticar las políticas estatales equivale a ser un enemigo público. Con ello, Uribe no solo profundiza el proceso por el cual desacredita a Coronell problematizando su imagen como periodista, sino que lo criminaliza, presentándolo ante la audiencia como un enemigo del orden establecido.
Puede que para el lector foráneo este procedimiento de criminalización no resulte lo suficientemente claro, precisamente, porque a través de este Uribe está poniendo en juego un estereotipo que él mismo se encargó de modelar a lo largo de sus dos períodos presidenciales y que lastimosamente pervive aún hoy en el imaginario colectivo colombiano: la idea de que Colombia enfrenta un enemigo encubierto, al cual Uribe se ha referido en repetidas ocasiones como « los traficantes de Derechos Humanos », « los politiqueros del terrorismo » o como « el frente internacional de las FARC », y cuyos rasgos no son otros que aquellos que le son adjudicados a Coronell a través del uso de los argumentos Ad Hominem. Veamos, por ejemplo, algunos fragmentos del discurso pronunciado por Uribe con motivo de la posesión del comandante de la Fuerza Aérea Colombiana en 2003( Uribe Vélez, 2003):
[...] escritores y politiqueros que finalmente le sirven al terrorismo y que se escudan cobardemente en la bandera de los derechos humanos. Les da miedo confesar sus aspiraciones políticas y entonces tienen que esconderse detrás de la bandera de los derechos humanos.
.. politiqueros al servicio del terrorismo, que cobardemente se agitan en la bandera de los derechos humanos, para tratar de devolverle en Colombia al terrorismo el espacio que la Fuerza Pública y que la ciudadanía le ha quitado.
.. Los politiqueros del terrorismo.. Estos politiqueros de los derechos humanos, estos politiqueros.. calumnian y se valen de la libertad de prensa de Colombia.. Y tienen los recursos para publicar libros y mancillar la honra de nuestros generales y de los colombianos que batallamos contra el terrorismo y no tienen vergüenza ni pudor y engañan a la opinión internacional con libros sin fuentes serias.
.. unos traficantes de derechos humanos que se deberían, de una vez por todas, quitar su careta, aparecer con sus ideas políticas y dejar esa cobardía de esconder sus ideas políticas detrás de los derechos humanos.
Como corroboraremos en el resto del apartado, los argumentos Ad Hominem dirigidos por Uribe contra Coronell no son otra cosa que distintas aplicaciones de dicho estereotipo, lo cual