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Cuadernos del GESCAL. Año 1, No 1, Agosto de 2013 262
título de ejemplo, un caso en el que la revista Semana se habría visto implicada en una falsa acusación en su contra, con lo cual pone en entredicho, indirectamente, la seriedad del medio que publica las columnas de opinión de Coronell.
Es necesario recalcar que a lo largo del intercambio Uribe nunca eleva un ataque frontal contra la revista Semana ni contra el noticiero que Coronell dirigía en aquel entonces- " Noticias UNO ", el cual es transmitido a través de la televisión pública nacional-, del mismo modo que, aunque con uno que otro desliz ocasional, en general tampoco asocia explícitamente el objeto de sus cuestionamientos con entidades abarcadoras como " la prensa " o " el periodismo ". Evidentemente, Uribe debía prevenirse ante la posibilidad de desencadenar una polémica de mayor envergadura y, sobretodo, resguardar el manto democrático del que dependía su propia autoridad y con esta su ethos como presidente.
-Ataques en el nivel de la representación social
Como advierte Amossy( 2011), el ethos de un locutor también es tributario del conjunto de representaciones, modelos y estereotipos que circulan en una sociedad dada con respecto a las clases, categorías profesionales, grupos étnicos, nacionales, etc., y es en este nivel en donde operan la mayor parte de los Ad Hominem desplegados contra Coronell: a través de ellos Uribe apela al imaginario social para presentarlo, no solo como un « falso periodista », sino como un opositor político del gobierno y un enemigo del país.
La base de dicho movimiento descansa sobre una serie de ataques a través de los cuales Uribe desacredita a Coronell presentándolo como deficiente en dos de los principales componentes de la imagen socialmente asociada a la categoría profesional del periodista: la credibilidad y la ética periodística. Aquí se sitúa una larga enumeración de hechos que Uribe trae a colación para( des) calificar a Coronell como un « mentiroso », « difamador », « calumniador », « confabulador », « chismoso », « engañador » y « estafador »; unidos a otros según los cuales éste « manipularía las fuentes », sería irresponsable en el manejo de la información, no rectificaría debidamente, trataría de orquestar escándalos y se escudaría en sus derechos de periodista para « hacer daño » o « agredir con mentiras ». Estos, a su vez, le sirven como apoyo para acusarlo de ser un opositor político encubierto, el cual se habría « especializado » en difamar al gobierno.
En su conjunto, dichos ataques comparten como característica el hecho de aparecer en la literalidad del enunciado a través del discurso referido o como rememoraciones que Uribe introduce a título de ejemplo sin que guarden relación alguna con la proposición en cuestión, las cuales suele acompañar de constantes alusiones a su propia honestidad, a la rectitud de su carrera y a su investidura política, esto es, sirviéndose de la fuerza ilocutoría que le brinda su autoridad y utilizando como garantía un conjunto de datos que asocia a su propio ethos prediscursivo, el cual, al mismo tiempo, procura afianzar, resguardar o recomponer ante cada pregunta de Coronell 181. Veamos, por ejemplo, un pasaje en el que Coronell le pregunta a Uribe sobre la última ocasión en la que vio a César Villegas 182( el subrayado es nuestro):
181
Se confirman así las observaciones de Jean Michel Adam, cuando afirma que los elementos retomados del nivel prediscursivo( al cual él denomina " extradiscursivo ") pueden aparecer en el nivel de la información formalmente transmitida, es decir, en el nivel del enunciado( diferente del de la enunciación, o el cómo se dice). Al respecto véase también Amossy( 2011).
182
César Villegas trabajó en la Aeronática Civil( agencia que administra la aviación civil en Colombia) entre 1980 y 1986, coincidiendo con Uribe entre 1980 y 1982, período durante el cual este último fue director de dicha entidad. Allí, Villegas fue ascendido por Uribe al cargo de jefe de planeación en abril de 1981. Posteriormente, Villegas fue procesado por la presunta expedición irregular de licencias de vuelo a narcotraficantes y luego fue condenado a cumplir 5 años de cárcel tras comprobarse que había recibido