COMENTARIO AL CAPÍTULO 1
Al igual que hacen los jugadores sensatos cuando, por ejemplo,
llevan 100 dólares al casino y dejan el resto del dinero cerrado bajo llave en
la caja de seguridad de la habitación del hotel, el inversor inteligente separa
una parte de su cartera total y la destina a una cuenta de «dinero para
tonterías». Para la mayoría de nosotros, el 10% de nuestro patrimonio
general es la cantidad máxima que podemos permitimos arriesgar en
operaciones especulativas. No mezcle nunca el dinero de su cuenta
especulativa con el dinero de sus cuentas de inversión: no permita nunca
que su forma de pensar especulativa influya en sus actividades de
inversión; y no ponga nunca más del 10% de sus activos en su cuenta de
dinero para tonterías, pase lo que pase.
Para bien o para mal, el instinto jugador forma parte de la naturaleza
humana: por lo tanto, para la mayor parte de las personas es inútil incluso
intentar suprimirlo. En cualquier caso, tiene que conseguir limitarlo y
controlarlo. Esa es la mejor forma de asegurarse de que nunca se engañará
ni confundirá especulación con inversión.
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