COMENTARIO AL CAPÍTULO 19
empresa recompra parte de su capital, reduce el número de acciones en
circulación. Aunque sus beneficios netos se mantengan invariables, los
beneficios por acción de la empresa aumentarán, ya que sus beneficios
totales se tendrán que repartir entre un número inferior de acciones. Esto, a
su vez, eleva la cotización de las acciones. Aún mejor, a diferencia del
dividendo, la recompra de acciones es una operación fiscalmente exenta
para los inversores que no vendan sus acciones.15 Por lo tanto, esto
incrementa el valor de sus acciones sin elevar el importe que deben pagar
en concepto de impuestos. Por otra parte, si las acciones están baratas, la
utilización del efectivo disponible para la recompra de las acciones supone
una manera excelente de utilizar el capital de la empresa.16
Todo esto es cierto en teoría. Por desgracia, en el mundo real, la
generalización de la retribución en acciones ha acabado sirviendo a una
finalidad que únicamente puede ser descrita como siniestra. En el momento
actual en el que las opciones sobre acciones se han convertido en un
elemento tan importante de la retribución de los ejecutivos, muchas
empresas sobre todo en los sectores de la alta tecnología, deben emitir
cientos de millones de acciones para entregárselas a los ejecutivos que
ejercitan estas opciones sobre acciones.17 Sin embargo, eso incrementaría el
número de acciones en circulación y reduciría los beneficios por acción.
Para contrarrestar esa dilución, las empresas deben actuar en sentido
contrario y recomprar millones de acciones en el mercado abierto. En el
15
Las reformas fiscales propuestas por el presidente George W. Bush a principios de 2003 modificarían la
tributación de los dividendos, pero el destino de esta regulación no estaba todavía claro en el momento de
enviar el libro a la imprenta.
16
Históricamente las empresas han abordado la cuestión de la recompra de acciones desde un punto de
vista de sentido común, reduciéndolas cuando las cotizaciones eran elevadas e incrementándolas cuando
eran reducidas. Después de la crisis del 19 de octubre de 1987, por ejemplo 400 empresas anunciaron
nuevos planes de recompra de acciones durante los 12 días siguientes, mientras que únicamente 107
empresas habían anunciado programas de recompra de acciones durante la primera parte del año, en la
que las cotizaciones habían sido mucho más elevadas. Véase Murali Jagannathan, Clifford P. Stephens y
Michael S. Weisbach, «Financial Flexibility and the Choice Between Dividends and Stock Repurchases»,
Journal of Financial Economics, vol. 57, n° 3, septiembre de 2000, pág. 362.
17
Las opciones sobre acciones otorgadas por una empresa a sus ejecutivos y empleados les conceden el
derecho (pero no la obligación) de comprar acciones en el futuro a una cotización con descuento. Esta
conversión de las opciones de compra en acciones se denomina «ejercitar» las opciones. Los empleados
pueden entonces vender las acciones al precio vigente del mercado y embolsarse la diferencia en forma de
beneficio. Como son cientos de millones las opciones que se pueden ejercitar en un año concreto, la
empresa debe incrementar su oferta de acciones en circulación. En ese caso, no obstante, los beneficios
netos totales de la empresa se tendrían que repartir entre un número muy superior de acciones, con lo que
se reducirían los beneficios por acción. Por lo tanto, la sociedad suele sentirse obligada a recomprar otras
acciones para cancelar las acciones entregadas a los titulares de opciones. En 1998, el 63,5% de los
directores financieros reconocieron que uno de los principales motivos por los que se recompraban
acciones era el de contrarrestar el efecto de dilución provocado por las opciones sobre acciones (véase
CFO Forum, «The Buyback Track», Institutional Investor, julio.de 1998).
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