EL INVERSOR INTELIGENTE
¿Qué pasó a continuación? En 2001 Commerce One generó 409
millones de dólares de ingresos. Por desgracia, incurrió en una pérdida neta
de 2.600 millones de dólares, o lo que es lo mismo, 10,30 dólares de tinta
roja por acción, sobre esos ingresos. Capital One, por su parte, consiguió
unos beneficios netos de casi 2.000 millones de dólares desde el año 2000
hasta el año 2002. La cotización de sus acciones bajó el 38% durante esos
tres años, una evolución que no es peor que la seguida por el mercado en
conjunto. Commerce One, sin embargo, perdió el 99,7% de su valor.8
En vez de escuchar a Hoffman y a sus analistas falderos, los
operadores deberían haber hecho caso a la sincera advertencia que aparecía
en la memoria anual de 1999 de Commerce One: «Nunca hemos
conseguido beneficios. Esperamos incurrir en pérdidas netas durante el
futuro previsible, y es posible que nunca lleguemos a tener beneficios».
Pareja 4: Palm y 3Com
El 2 de marzo del año 2000, la empresa de conexiones de datos
3Com Corp. colocó el 5% de su filial Palm, Inc. en el mercado. El 95%
restante del capital de Palm sería escindido a los accionistas de 3Com en
los siguientes meses; por cada acción de 3Com que tuviesen en cartera, los
inversores recibirían 1,525 acciones de Palm.
Por lo tanto, había dos formas de conseguir 100 acciones de Palm:
abriéndose paso a codazos en la oferta pública inicial, o comprando 66
acciones de 3Com y esperando hasta que la sociedad matriz distribuyese el
resto del capital de 3Com. Al recibir una acción y media de Palm por cada
acción de 3Com, se obtendrían 100 acciones de la nueva empresa y se
seguirían teniendo 66 acciones de 3Com.
Pero, ¿quién quería esperar unos cuantos meses? Mientras que 3Com
tenía severos problemas para competir con gigantes como Cisco, Palm era
el líder del interesantísimo espacio de los asistentes personales digitales.
Por lo tanto, las acciones de Palm se dispararon desde su precio de oferta
inicial de 38 dólares hasta cerrar a 95,06 dólares, una rentabilidad del 150%
8
A principios de 2003, el director financiero de Capital One dimitió después de que las autoridades
supervisoras del mercado de valores revelasen que podían acusarle de infracciones de las normas para
evitar el abuso de información privilegiada.
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