inversiones inteligentes 1 | Page 429

SELECCIÓN DE ACCIONES PARA EL INVERSOR EMPRENDEDOR Hemos incluido en la tabla 15.2 algunos datos sobre cinco acciones que cotizaban por debajo del valor de su capital de explotación a su cotización mínima de 1970*. Esto da que pensar sobre la naturaleza de las fluctuaciones de la de las acciones. ¿Cómo es posible que empresas sólidamente establecidas, cuyas marcas son conocidas en los hogares de todo el país, estén valoradas por cantidades tan bajas, en un momento en el que otras empresas (por supuesto con un mejor crecimiento del beneficio) se vendían por miles de millones de dólares más de lo que aparecía en su balance? Por volver a mencionar los «viejos tiempos» una vez más, la idea del fondo de comercio como elemento de valor intangible normalmente estaba relacionada con una «marca comercial». Nombres como Lady Pepperell en el mercado de las sábanas, Jantzen en el de los trajes de baño y Parker en el de las plumas estilográficas deberían ser considerados activos de gran valor. Sin embargo, si al mercado «no le gusta una empresa» no sólo las marcas comerciales reconocidas, sino también los solares, los edificios, la maquinaria y cualquier otra cosa que se le ocurra, podrán contabilizarse por un valor cercano a cero en .sus patrones de medición. Pascal dijo en una ocasión que «el corazón tiene motivos que la mente no comprende»† En donde pone «corazón» léase «Wall Street». Hay otro contraste que nos viene a la mente. Cuando la situación es satisfactoria y las nuevas acciones se venden con facilidad, aparecen ofertas * Técnicamente, el valor del capital de explotación de una acción es el activo circulante por acción, menos el pasivo circulante por acción, dividido entre el número de acciones en circulación. En este caso, sin embargo, Graham se refiere al «valor del capital de explotación neto» o al valor por acción del activo circulante menos el exigible total. † Le coeur a ses raisons que la raison ne connait point. Este pasaje poético es uno de los argumentos más concluyentes del gran debate del teólogo francés sobre lo que se ha dado en conocer como «La apuesta de Pascal» (véase el comentario al capítulo 20). 431