EL INVERSOR INTELIGENTE
Nuestra afirmación de que la cotización vigente refleja tanto los hechos conocidos como las expectativas futuras pretendía destacar los dos criterios en los que se basan las valoraciones de mercado. En correspondencia con estos dos tipos de elementos de valor, hay dos métodos esencialmente diferentes de realizar el análisis de valores. Por supuesto, todos los analistas competentes miran hacia el futuro, en vez de centrar su mirada en el pasado, y son conscientes de que su trabajo es bueno o malo en función de lo que vaya a pasar, y no en función de lo que ya ha pasado. No obstante, el propio futuro puede ser abordado de dos formas diferentes, que podrían denominarse la forma de la predicción( o proyección) y la forma de la protección. *
Los que hacen hincapié en la predicción se esforzarán por tratar de anticipar con bastante exactitud lo que la empresa va a conseguir en los años venideros, en especial, si los beneficios arrojarán un crecimiento pronunciado y sostenido. Estas conclusiones se pueden basar en un estudio muy cuidadoso de factores como la oferta y la demanda en el sector, el volumen, el precio y los costes, o, alternativamente, se pueden extraer de una proyección relativamente simplona que se limite a trasladar la línea de crecimiento pasado hacia el futuro. Si estas autoridades en la materia están convencidas de que las perspectivas a un plazo relativamente largo son inusualmente favorables, prácticamente siempre recomendarán comprar la acción sin prestar mucha atención al nivel al cual se esté vendiendo en la actualidad. Ésa fue, por ejemplo, la actitud general respecto de las acciones de empresas de transporte aéreo, una actitud que persistió durante muchos años a pesar de los decepcionantemente malos resultados que se cosecharon en la mayoría de los casos después de 1946. En la introducción hemos comentado la disparidad existente entre los relativamente sólidos resultados de la cotización de las acciones y el relativamente decepcionante historial de beneficios de este sector.
dos profesores de finanzas paseando por la acera; cuando uno ve un billete de 20 dólares y se agacha a recogerlo, el otro le agarra del brazo y le dice, « No te molestes. Si fuese realmente un billete de 20 dólares ya lo habría cogido alguien ». Aunque el mercado no es perfectamente eficiente, se acerca bastante a la perfección la mayor parte del tiempo, por lo que el inversor inteligente se agachará a recoger los billetes de 20 dólares del mercado únicamente después de haberlos estudiado exhaustivamente y haber minimizado los costes de operación y tributarios. * Ésta es una de las afirmaciones fundamentales del libro de Graham. Todos los inversores trabajamos
bajo una cruel ironía: invertimos en el presente, pero invertimos para el futuro. Y, lamentablemente, el futuro encierra una incertidumbre prácticamente absoluta. La tasa de inflación y los tipos de interés no son seguros; las recesiones económicas van y vienen de forma aleatoria; las conmociones geopolíticas, como guerras, escasez de materias primas, y actos de terrorismo llegan sin previo aviso; y el destino de las empresas individuales y sus sectores muchas veces resulta ser el contrario al que esperan la mayor parte de los inversores. Por lo tanto, invertir en función de las proyecciones es pretensión inane; incluso las previsiones de los denominados expertos son menos fiables que lanzar al aire una moneda. Para la mayor parte de las personas invertir aspirando a aplicar criterios de protección, frente a la posibilidad de pagar de más, y frente al exceso de confianza en la fiabilidad de la capacidad de juicio personal, será la mejor solución. Graham abunda sobre este concepto en el capítulo 20.
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