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ANÁLISIS DE VALORES PARA EL INVERSOR INEXPERTO: ENFOQUE GENERAL llegado a adquirir prevalencia precisamente en las áreas en las que se podría considerar que son menos fiables. Porque cuanto mayor es la dependencia de la valoración con respecto a las anticipaciones de lo que va a pasar en el futuro, y cuanto menos vinculada está a una cifra contrastada por el rendimiento conseguido en el pasado, más vulnerable resulta la valoración ante posibles errores de cálculo o equivocaciones graves. Una gran parte del valor descubierto para una acción que cotice con un gran multiplicador deriva de futuras proyecciones que pueden diferir acusadamente del rendimiento obtenido en el pasado, salvo, tal vez, en la propia tasa de crecimiento. De este modo, se podría decir que en la actualidad los analistas de valores se ven obligados a adoptar un cariz más matemático y «científico» precisamente en las situaciones que menos se prestan a ese tipo de tratamientos que aspiran a la exactitud.* Sigamos avanzando, no obstante, con nuestra exposición de los elementos y técnicas más importantes del análisis de valores. La actual exposición, realizada de forma muy resumida, pretende abordar las necesidades del inversor no profesional. Como mínimo, este inversor tiene que comprender de qué le habla el analista de valores y adónde quiere llevarle; además, debería estar preparado, si es posible, para distinguir entre un análisis superficial y un análisis bien razonado. El análisis de valores para el inversor inexperto suele estar concebido como aquel que comienza con la interpretación de la memoria financiera anual de una empresa. Se trata de una cuestión que hemos expuesto, explicada para los legos en la materia, en otro libro, titulado The Interpretation of Financial Statements.2 No consideramos necesario ni conveniente recorrer ese mismo terreno en este capítulo, en especial porque el centro de atención del libro que tiene entre las manos son los principios básicos y las actitudes, más que la información y la descripción. Pasemos a * Cuanto más elevada sea la tasa de crecimiento de su proyección, y cuanto más prolongado sea el período futuro a lo largo del cual se proyecte esa tasa, más sensible será su pronóstico al más leve error. Si, por ejemplo, considera que una empresa que gana 1 dólar por acción puede incrementar ese beneficio en un 15% al año durante los próximos 15 años, sus beneficios acabarían siendo de 8,14 dólares. Si el mercado valora la empresa a 35 veces los beneficios, la cotización de la acción terminará el período a 285 dólares aproximadamente. Sin embargo, si los beneficios crecen al 14% en lugar de hacerlo al 15%, la empresa ganaría 7,14 dólares al final del período - y, alarmados por ese contratiempo, los inversores ya no estarían dispuestos a pagar 35 veces los beneficios. Por ejemplo, a 20 veces los beneficios, la acción terminará alrededor de los 140 dólares por acción, o más de un 50% menos. Como el uso de matemáticas avanzadas aporta un halo de precisión al inherentemente incierto proceso de prever el futuro, los inversores deberían mostrarse muy escépticos ante cualquiera que afirme que conoce una clave compleja para resolver problemas financieros básicos. Como afirma Graham: «En 44 años de experiencia y estudio de Wall Street, nunca he visto cálculos fiables realizados acerca de valores de acciones ordinarias, o de ,sus concomitantes políticas de inversión, que vayan más allá de la simple aritmética o el álgebra más elemental. Cuando el cálculo, o el álgebra superior entran en escena, puede usted interpretarlo como una señal de advertencia de que el operador está tratando de sustituir la experiencia por la teoría, y por lo general también estará intentando camuflar la especulación bajo el aspecto de inversión». (Véase las páginas 627-628). 317