EL INVERSOR INTELIGENTE
categoría de inversión, o de su atractivo como adquisición, en el caso de que se trate de una acción ordinaria.
Para llevar a cabo todas estas actividades el analista de valores dispone de una serie de técnicas, que van desde las técnicas más elementales a las más complejas. Puede modificar sustancialmente las cifras que se ofrecen en los informes contables anuales de la empresa, aun cuando tales cifras lleven la sagrada aprobación del censor jurado de cuentas. El analista trata de localizar aspectos concretos en tales cuentas que puedan decir mucho más o mucho menos de lo que realmente dicen.
El analista de valores debe elaborar y aplicar unos criterios para evaluar la seguridad con los que pueda llegar a la conclusión de si una obligación o una acción preferente determinada pueden ser calificadas como suficientemente sólidas para que su adquisición con fines de inversión esté justificada. Estos criterios están relacionados principalmente con los beneficios medios obtenidos en el pasado, pero también pueden estar relacionados con la estructura de capital, el capital de explotación, el valor del activo y con otras cuestiones.
A la hora de abordar las acciones ordinarias, el analista de valores, hasta hace poco tiempo, raramente aplicaba criterios de valor tan bien definidos como estaban los criterios de seguridad que aplicaba a las obligaciones y a las acciones preferentes. La mayor parte del tiempo se contentaba con elaborar un resumen del resultado obtenido en el pasado, y una previsión más o menos general de lo que podía ocurrir en el futuro, haciendo especial hincapié en los 12 meses siguientes, y llegaba a una conclusión bastante arbitraria. Tradicionalmente el analista, a la hora de elaborar esta conclusión solía mirar de reojo la cotización de la acción que aparecía en las pantallas de información del mercado de valores; en la actualidad en muchas ocasiones los analistas siguen actuando de esa manera. En los últimos años, no obstante, los analistas en ejercicio han prestado mucha atención al problema de la valoración de las acciones de empresas en crecimiento. Muchas de estas acciones se han vendido a unas cotizaciones tan elevadas en relación con los beneficios pasados y actuales que aquellos que las recomendaban han llegado a sentir la obligación especial de justificar su recomendación de compra elaborando unas previsiones relativamente específicas de los beneficios previstos que se adentraban bastante en el futuro. Se han invocado ciertas técnicas matemáticas muy sofisticadas para apoyar las valoraciones a las que se llegaba.
Nos ocuparemos de estas técnicas, de manera resumida, en un momento posterior. No obstante, tenemos que destacar en este momento una problemática paradoja, que es que las valoraciones matemáticas han
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