Capítulo 10
El inversor y sus asesores
La inversión de dinero en valores no se parece a ninguna otra de las
operaciones que se realizan en el mundo de los negocios, en el sentido de
que prácticamente siempre se basa en algún tipo de asesoramiento recibido
de otras personas. La inmensa mayoría de los inversores son aficionados.
De manera natural, tienen la impresión de que a la hora de elegir los
valores en los que invierten se pueden beneficiar si reciben asesoramiento
profesional. Sin embargo, el mismo concepto del asesoramiento de
inversión tiene ciertas peculiaridades inherentes.
Si el motivo por el que invierten las personas es el de ganar dinero, a
la hora de buscar asesoramiento están pidiendo a otras personas que les
digan cómo pueden ganar dinero. Esa idea tiene un cierto elemento de
infantilismo. Los empresarios tratan de obtener asesoramiento profesional
sobre algunos elementos de su actividad empresarial, pero no esperan que
nadie les diga cómo pueden conseguir beneficios. Eso les compete a ellos.
Cuando ellos, o personas que No se dedican a los negocios, recurren a otros
para que consigan beneficios de inversión para ellos, están esperando un
tipo de resultados para los que no existe equivalente en la actividad
empresarial ordinaria.
Si presuponemos que existen resultados de ingresos normales u
ordinarios que se pueden obtener al invertir dinero en valores, la función
del asesor se puede especificar con más facilidad. Tendría que utilizar su
mejor formación y experiencia para proteger a sus clientes de la posibilidad
de cometer errores, y para asegurarse de que consiguen los resultados que
su dinero tiene derecho a recibir. La duda surge cuando el inversor exige
una rentabilidad superior a la media por su dinero, o cuando su asesor se
compromete a conseguir mejores resultados que la media para su cliente,
puesto que cabe dudar de que se esté pidiendo o prometiendo más de lo que
es probable que se vaya a cumplir.
Se puede obtener asesoramiento sobre inversiones de muchas fuentes
diferentes. Entre ellas se puede mencionar: (1) un conocido, un familiar o
un amigo, que se suponga que tiene conocimientos sobre valores; (2) un
empleado del banco (comercial) local; (3) una agencia de intermediación
de bolsa o un profesional de la banca de inversión; (4) un servicio de
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