inversiones inteligentes 1 | Page 177

COMENTARIOL AL CAPÍTULO 6
Ritter y William Schwert han demostrado que si usted hubiese repartido un total de únicamente 1.000 dólares en todas las ofertas públicas iniciales en enero de 1960, a su precio de oferta inicial, y las hubiese vendido a final de dicho mes, y hubiese vuelto a invertir de nuevo en cada hornada de ofertas públicas iniciales de cada mes sucesivo, su cartera de inversor habría tenido un valor de más de 533.000 quintillones:
En números, esa cifra se escribiría así: 533.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000
Por desgracia, por cada oferta pública inicial como la de Microsoft que resulta ser un gran éxito, hay miles de fracasos. Los psicólogos Damel Kahnerman y Amos Tversky han demostrado que cuando los seres humanos calculan las probabilidades o la frecuencia de un suceso, la valoración no se basa en la frecuencia con la que realmente ocurrió el suceso, sino en lo notables que son los ejemplos ocurridos en el pasado. Todos queremos comprar « el siguiente Microsoft », precisamente porque sabemos que no compramos el primer Microsoft. Sin embargo, todos pasamos convenientemente por alto el hecho de que la mayoría de las otras ofertas públicas iniciales fueron inversiones horrorosas. Únicamente podría haber ganado esos 533.000 quintillones de dólares si no hubiese pasado por alto nunca ni uno solo de esos raros triunfos del mercado de las ofertas públicas iniciales, y eso prácticamente es algo imposible. Por último, la mayor parte de los altos rendimientos de las ofertas públicas iniciales son obtenidos por miembros de un club privado exclusivo, los grandes bancos de inversión y sociedades de inversión que consiguen las acciones al precio inicial( o « de suscripción »), antes de que las acciones comiencen a cotizar en público. Las mayores subidas suelen producirse con un número de acciones tan reducido que ni siquiera los grandes inversores pueden conseguir una acción; simplemente, no hay suficientes acciones en circulación.
Si, al igual que prácticamente cualquier otro inversor, usted únicamente puede conseguir acceso a las ofertas públicas iniciales después de que sus acciones se hayan disparado por el precio exclusivo inicial, sus resultados serán espantosos. De 1980 a 2001, si hubiese comprado las acciones de una oferta pública inicial típica a su primer precio de cierre de cotización al público y las hubiese conservado durante tres años, habría tenido unos resultados peores que el mercado en más de 23 puntos porcentuales al año. 9
9 Jay R. Ritter e Ivo Welch, « A Review of IPO Activity, Pricing, and Allocations », Journal of Finance, agosto, 2002, pág. 1797. El sitio web de Ritter, en http:// bear. cba. ufl. edu / ritter / y la página principal de 179