COMENTARIOL AL CAPÍTULO 6
Ah, es verdad, todavía queda algo más. Cuando se hacen operaciones
en vez de inversiones, las ganancias a largo plazo (gravadas al tipo máximo
de ganancias de capital del 20%) se convierten en renta ordinaria (gravada
a un tipo máximo del 38,6%).
Si se suma todo eso, el operador necesita ganar por lo menos el 10%
simplemente para alcanzar el umbral de rentabilidad en cada una de sus
operaciones de compra y venta de acciones.6 Cualquiera puede conseguido
una vez, por mera suerte. Conseguido con la suficiente frecuencia para
justificar la atención obsesiva que requiere, junto con los infernales niveles
de estrés que genera, es absolutamente imposible.
Miles de personas lo han intentado, y la evidencia es clara: cuantas
más operaciones se hacen, menos valor se conserva.
Los profesores de finanzas Brad Barber y Terrance Odean de la
Universidad de California examinaron los historiales de operaciones de
más de 66.000 clientes de una importante firma de intermediación
financiera de coste económico. Desde 1991 hasta 1996 estos clientes
realizaron más de 1.900.000 operaciones. Antes de que los costes de
operación desgastasen sus rendimientos, las personas integradas en el
estudio habían conseguido unos resultados mejores que el mercado en un
promedio de por lo menos medio punto porcentual al año. Después de tener
en cuenta los costes de operación, los más activos de estos operadores, los
que movían más del 20% de sus carteras de acciones al mes, pasaron de
obtener mejores resultados que el mercado a tener unos decepcionante
resultados de 6,4 puntos porcentuales por debajo del mercado. Los
inversores más pacientes, no obstante, los que realizaban operaciones con
un minúsculo 0,2% de sus carteras totales en un mes típico, consiguieron
tener mejores resultados que el mercado, incluso después de tener en
cuenta sus costes de operación. En lugar de entregar una gran parte de sus
ganancias a sus intermediarios y a Hacienda, consiguieron quedarse con
casi todo.7 Si desea observar estos resultados, vea la figura 6.1.
La lección está clara: no haga lo que sea, quédese quieto. Ya va
siendo hora de que todo el mundo reconozca que el término «inversor a
largo plazo» es una redundancia. El inversor a largo plazo es el único tipo
de inversor que existe. Una persona que no puede quedarse con las
6
Las Condiciones en el mundo real son aún más desagradables, porque en este ejemplo estamos pasando
por alto los impuestos estatales sobre la renta.
7
Los
descubrimientos
de
Barber
y
Odean
están
disponibles
en
http://faculty.haas.berkeley.edu/odean/Current%20Research.htm and http://faculty.gsm.ucdavis.edu/bmbarber/research/default.html. Por cierto, numerosos estudios han sacado a la luz resultados
prácticamente idénticos entre gestores de patrimonios profesionales, de manera que no es un problema
que se limite a las personas «ingenuas».
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