inversiones inteligentes 1 | Page 164

EL INVERSOR INTELIGENTE de máxima calidad, pasando por los títulos senior de segunda categoría, hasta que llegamos a la colocación de acciones ordinarias en la parte inferior de la escala jerárquica. En el pasado se han financiado cuantiosas cantidades mediante una técnica que consistía en reembolsar las obligaciones existentes a su precio de rescate, sustituyéndolas después por nuevas emisiones que abonaban un cupón inferior. La mayor parte de esta actividad se llevaba a cabo en la categoría de las obligaciones de máxima calidad y de acciones preferentes. Los compradores solían ser, principalmente, grandes instituciones financieras, sobradamente cualificadas para proteger sus intereses. Por lo tanto, los precios de estas ofertas estaban cuidadosamente determinados para cubrir el precio de salida de emisiones comparables, y la destreza de los vendedores influía poco en el resultado. A medida que los tipos de interés se iban reduciendo más y más, los compradores acababan pagando un precio excesivamente elevado por estas emisiones, y buena parte de ellas acabaron sufriendo grandes declives en el mercado. Este es uno de los rasgos característicos de la tendencia a colocar nuevas emisiones cuando las condiciones son más favorables para el emisor; no obstante, en el caso de las emisiones de títulos de primera categoría, las consecuencias negativas para el comprador serán desagradables, pero no llegarán a ser graves. La situación resulta ser algo diferente cuando estudiamos las acciones preferentes y las obligaciones de menor categoría que se vendieron durante los períodos 1945-1946 y 1960-1961. En estos casos, el efecto del esfuerzo de venta es más aparente, porque la mayor parte de estos títulos se colocaron probablemente entre inversores individuales e inexpertos. Un rasgo característico de estas ofertas es que no ofrecían una imagen adecuada si se juzgaban con arreglo al resultado de las empresas estudiado durante un número suficiente de años. Su apariencia era de suficiente seguridad, en la mayor parte de los casos, siempre y cuando se pudiese dar por supuesto que los recientes beneficios se iban a poder mantener sin serios contratiempos. Los bancos de inversión que colocaron estas emisiones probablemente aceptaron esta hipótesis, y sus vendedores tuvieron pocas dificultades para persuadirse a sí mismos y a sus clientes de que tal iba a ser el caso. No obstante, fue una forma poco sensata de abordar una operación de inversión, que probablemente acabó resultando muy costosa. Los períodos alcistas de mercado normalmente se caracterizan por el hecho de que un gran número de sociedades no cotizadas deciden salir a bolsa con acciones cotizadas. Esto fue lo que sucedió en 1945-46, y nuevamente a partir de 1960. El proceso posteriormente alcanzó proporciones extraordinarias, hasta que concluyó con un cierre catastrófico en mayo de 1962. Después del tradicional período de «enfriamiento y 166