inversiones inteligentes 1 | Page 136

EL INVERSOR INTELIGENTE incremento del valor de mercado a lo largo de los años como consecuencia de la reinversión de los beneficios no distribuidos. Aunque estas dos ventajas han sido de gran trascendencia, y han ofrecido a las acciones ordinarias un historial mucho mejor que el de las obligaciones durante el pasado a largo plazo, nosotros hemos advertido insistentemente que estos beneficios podrían perderse en caso de que el comprador de acciones pagase un precio demasiado elevado por sus acciones. Esto fue claramente lo que ocurrió en 1929, y el mercado necesitó 25 años para recuperar el nivel desde el que se había producido la abismal caída de 1929-1932.* Desde 1957 las acciones ordinarias han vuelto a perder, a causa de sus elevados precios, la ventaja que tenía el rendimiento en dividendos en relación con los tipos de interés de las obligaciones.† Está por ver que el factor de la inflación y que el factor del crecimiento económico sean capaces de compensar en el futuro esta evolución sustancialmente negativa. El lector debería haber detectado que es evidente que no tenemos ningún entusiasmo hacia las acciones ordinarias en general estando como está el DJIA en el nivel del 900 a finales de 1971. Por los motivos que ya se han expuesto.‡ Tenemos la impresión de que el inversor defensivo no puede permitirse el lujo de pasar sin una parte apreciable de acciones ordinarias en su cartera, aunque deba considerar que este instrumento es un * El Dow Jones Industrial Average cerró en aquel momento al máximo histórico de 381,17 el 3 de septiembre de 1929. No cerró por encima de ese nivel hasta el 23 de noviembre de 1954, más de un cuarto de siglo después, cuando alcanzó el 382,74. (Cuando dice que tiene intención de conservar las acciones «a largo plazo», ¿se da cuenta de qué largo puede llegar a ser el largo plazo, o que muchos inversores que compraron en 1929 ni siquiera vivían en 1954?). No obstante, para los inversores pacientes que reinvirtieron sus resultados, el rendimiento sus acciones fue positivo durante este período por lo demás sombrío, simplemente porque el rendimiento por dividendo alcanzó una media superior al 5,6% anual. Según los profesores Elroy Dimson, Paul Marsh y Mike Staunton de la London Business School, si hubiese invertido 1 dólar en acciones estadounidenses en 1900 y hubiese gastado todos sus dividendos, el valor de su cartera de acciones habría llegado a los 198 dólares en el año 2000. Sin embargo, si hubiese reinvertido todos sus dividendos, su cartera de valores habría tenido un valor de 16.797 dólares. Lejos de ser un complemento accidental, los dividendos son el principal motor de la inversión en acciones. † ¿Por qué afectan las «cotizaciones elevadas» de las acciones a su rendimiento por dividendo? El rendimiento de una acción es la relación existente entre su dividendo en metálico y el precio de una acción ordinaria. Si una empresa paga 2 dólares de dividendo anual cuando el precio de sus acciones es de 100 dólares; su rendimiento será del 2%. Sin embargo, si el precio de las acciones se duplica y el dividendo se mantiene estable el rendimiento por dividendo descenderá hasta el 1%. En 1959, cuando la tendencia detectada por Graham en 1957 quedó a la vista de todo el mundo la mayor parte de los expertos de Wall Street declararon que no podía durar. En el pasado las acciones nunca habían tenido un rendimiento menor al de las obligaciones; después de todo, como las acciones son más arriesgadas que las obligaciones, ¿por qué iba nadie a adquiridas, salvo que se pagase una renta por dividendo adicional para compensar el mayor riesgo? Los expertos afirmaban que las obligaciones ofrecerían un rendimiento mayor que las acciones durante unos pocos meses, como máximo, y que después la situación volvería a la «normalidad». Más de cuatro décadas después, la relación no ha vuelto nunca a la normalidad; el rendimiento de las acciones ha estado (hasta el momento) continuamente detrás del rendimiento de las obligaciones. ‡ Véase las páginas.77 y 109-110. 138