inversiones inteligentes 1 | Página 123

Comentario al capítulo 4 Cuando dejas todo al albur del azar, de repente tu suerte se agota. Pat Riley, entrenador de baloncesto ¿Hasta qué punto tiene que ser agresiva su cartera? Según Graham, eso depende menos de los tipos de inversiones que se tienen que del tipo de inversor que se es. Hay dos formas de ser un inversor inteligente:  Investigando, seleccionando y supervisando continuamente una combinación dinámica de acciones, obligaciones o fondos de inversión.  Creando una cartera permanente que funcione con el piloto automático y que no requiera más esfuerzo (aunque genere muy poca emoción). Graham denomina «activo» o emprendedor al primer método; requiere mucho tiempo y enormes cantidades de energía. La estrategia «pasiva» o «defensiva» requiere poco tiempo o esfuerzo, pero exige una separación casi ascética del atractivo tumulto del mercado. Como el teórico de la inversión Charles Ellis ha explicado, el método emprendedor es física e intelectualmente exigente, mientras que el método defensivo es emocionalmente exigente.1 Si usted tiene tiempo disponible, es muy competitivo, piensa como los aficionados a los deportes y disfruta de los desafíos intelectuales complejos, el método activo es para usted. Si siempre está agobiado, desea sencillez y no le gusta pensar en el dinero, lo suyo es el método pasivo. (Algunas personas se sienten más cómodas combinando los dos métodos; creando una cartera que es principalmente activa y pasiva en parte, o viceversa). Los dos métodos son igualmente inteligentes, y puede tener éxito con los dos pero únicamente si se conoce a sí mismo lo suficientemente bien para elegir el adecuado, mantenerlo durante el curso de su vida de inversor, 1 Si se desea más información sobre la distinción entre la inversión física e intelectualmente difícil, por una parte, y la inversión emocionalmente difícil, por la otra, véase el capítulo 8 y también Charles D. Ellis, «Three Ways to Succeed as an Investor», en Charles D. Ellis y James R. Vertin, eds., The Investor's Anthology (John Wiley & Sons, 1997), pág.72. 125