inversiones inteligentes 1 | Page 109

POLÍTICA DE CARTERA GENERAL: EL INVERSOR DEFENSIVO acontecimientos financieros que se han producido desde 1949. No hay ninguna indicación de que las actividades profesionales, como las que llevan a cabo los fondos de inversión, se hayan llevado a cabo de esa manera. El porcentaje de la cartera destinado a acciones por los principales tipos de fondos, los «equilibrados» y los de «acciones ordinarias» han cambiado muy poco de un año a otro. Sus actividades de venta han estado relacionadas principalmente con el esfuerzo por pasar de carteras menos prometedoras a otras más prometedoras. Si, como venimos creyendo desde hace tiempo, el mercado de valores ha dejado de estar sometido a sus viejos límites, y si todavía no se han establecido otros límites que le sean aplicables, no podemos ofrecer al inversor unas reglas fiables para que pueda reducir su cartera de acciones ordinarias al mínimo del 25% e incrementarla posteriormente hasta el máximo del 75%. Podemos proponer que en general el inversor no debería tener más de un 50% en acciones salvo que tenga una gran confianza en la solidez de la situación de su cartera de acciones y esté seguro de que podría considerar una recesión como la que se produjo en el mercado estadounidense en 1969-1970 con ecuanimidad. Nos resulta difícil encontrar motivos que pudiesen justificar una confianza tan acusada a los niveles imperantes a principios de 1972. Por lo tanto, nuestra recomendación se opondría a cualquier reparto que asignase más del 50% a las acciones ordinarias en este momento. No obstante, y por motivos complementarios, es casi igual de difícil recomendar una reducción de esa cifra muy por debajo del 50%, salvo que el inversor esté inquieto, dentro de sí, por el nivel actual del mercado, y esté también satisfecho con la perspectiva de limitar su participación en cualquier ulterior ascenso a, por ejemplo, el 25% de sus fondos totales. Todo ello nos lleva a recomendar a la mayoría de nuestros lectores lo que puede parecer una fórmula excesivamente simplista de 50-50. Con este plan, el principal orientador sería el de mantener un reparto lo más parecido posible entre obligaciones y acciones. Cuando los cambios del nivel de mercado hayan elevado el componente de acciones a, por ejemplo, el 55% se recuperaría el equilibrio vendiendo una onceava parte de la cartera de acciones y transfiriendo los ingresos a la cartera de obligaciones. Por el contrario, una reducción en la proporción de acciones hasta el 45% requeriría el uso de una onceava parte de los fondos en obligaciones para adquirir acciones adicionales. La Universidad de Yale estuvo aplicando un plan relativamente parecido durante bastantes años, a partir de 1937, aunque su sistema estaba calibrado en torno a la inversión de una proporción del 35% de la «cartera ordinaria» en acciones. A principios. de la década de 1950, no obstante, 111