¿El multiculturalismo amerita ser defendido?
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o sea, considero que la ley hace parte de eso pero no es una cosa
importante sino se liga con esto otro.
La segunda propuesta pasa por pensar la diferencia en clave de
diferencias, lo que pasa por la des-otrerización de la diferencia.
Habría que desplazarse de la diferencia a las heterogeneidades,
ese sería el gran reto de la profundización del multiculturalismo.
Pensar las diferencias en plural, la multiplicidad de las
diferencias, su heterogeneidad, es indispensable si se quiere
profundizar el multiculturalismo. No es suficiente con el modelo
dicotómico de grupos étnicos versus sociedad nacional al que nos
ha empujado la concepción minimalista del multiculturalismo.
No es suficiente asumir una homogénea condición entre los
grupos indígenas o las comunidades negras. En el interior de
lo que usualmente se refiere como indígenas o comunidades
negras (incluso en un pequeño poblado) existen diferencias y
desigualdades que no deben soslayarse en nombre de un supuesto
nosotros comunitarista. Esa idea de esos otros intocados, puros.
Esa idea de otrerización, que es herencia colonial, herencia de
la nostalgia imperial, hay que cuestionarla y desplazarla hacia
las heterogeneidades, hibridades, impuridades, pero también
hacia la pregunta por cómo desde las diferencias se articulan y
reproducen las desigualdades.
Finalmente, la profundización del multiculturalismo requiere de
un cuestionamiento del culturalismo. Este es la reducción del
imaginario teórico y político a la cultura. Todo aparece como
‘cultura’: las luchas son por la ‘defensa de la diferencia cultural’,
las explicaciones se constituyen refiriéndose a ‘tradiciones
culturales’. El principio de inteligibilidad es reducido a la
cultura. Se culturalizan las desigualdades, no se piensa en clave
de relaciones de explotación ni en los procesos de sujeción,
discriminación o marginalización. En la alquimia culturalista
estas disímiles expresiones de la desigualdad se culturalizan: se las