Intervenciones en teoría cultural | Page 218

¿El multiculturalismo amerita ser defendido? 217 los ‘otros’ o taquilleros discursos milenaristas contra la ‘modernidad’ y ‘Occidente’. Este problema se asocia al hecho que los multiculturalismos dominantes han sido aquellas versiones minimalistas de las que hablamos en un comienzo, en las cuales la diferencia cultural aparece como equivalente de los ‘otros de la nación’. Son multiculturalismos circunscritos a ‘minorías étnicas’, a los otros (como anterioridades y exterioridades marcadas) de la modernidad, del ‘nosotros’ normalizado de la colombianidad. No es que este tipo de multiculturalismos no hayan hecho aportes importantes al reconocimiento jurídico y político de las llamadas ‘minorías étnicas’. Ni que no haya que defender los esfuerzos por visibilizar y dignificar a sectores poblacionales que habían sido estereotipados como salvajes, atrasados, incapaces. El problema es quedarse ahí, reproduciendo la otrerización culturalista de la diferencia. Otro de los grandes problemas del multiculturalismo en Colombia, que ya mencionaba de pasada, tiene que ver con la creciente reducción de lo político a lo jurídico. Es sorprendente cuántos esfuerzos de las intervenciones y luchas del multiculturalismo en el país se mueven en el registro de la legislación, de los decretos, del derecho. Una hipertrofia jurídica, nada extraña en un país leguleyo y santanderista. Aunque no quiero argumentar que el registro de lo jurídico sea superfluo, me parece importante empezar a subrayar ciertos efectos negativos de la sobredimensión de la participación de los abogados y el discurso del derecho, entre los cuales la despolitización y la reificación de la diferencia son los más palpables. Esta hipertrofia jurídica, que se hace desde el litigio estratégico a menudo con las más nobles intenciones, además de haber potenciado ciertas expresiones organizativas (lo cual es positivo) ha significado un notable socavamiento de la política al domesticar malestares