¿El multiculturalismo amerita ser defendido?
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el establecimiento de un diferenciado sujeto político y de
derechos, entre los logros más destacados está la titulación de
alrededor de cinco millones de hectáreas como tierras colectivas
de ‘comunidades negras’. También habría que indicar como
uno de las conquistas el surgimiento de decenas de formas
organizativas locales y algunas regionales que han devenido
en los interlocutores visibles y legales de iniciativas estatales
así como de organizaciones no gubernamentales y algunos
empresarios con intereses en sus zonas de influencia.
No obstante estos logros, también se cuenta con grandes
limitaciones. La más obvia ha sido la dificultad de imaginar unos
sujetos políticos y de derechos étnicos por fuera del Pacífico y
de las imágenes acuñadas de ‘comunidades negras’ como unas
radicales alteridades culturales de occidente y de la modernidad.
Como ha sido señalado por activistas de organizaciones negras
urbanas o por fuera del Pacífico, la idea predominante en la
legislación derivada de la Ley 70 es la de unas comunidades
negras rurales ribereñas propias de la región del Pacífico (o por
lo menos eso es lo que se supone). Uno de los más grandes retos
del movimiento organizativo negro desde la sanción de la Ley
70 de 1993 ha sido ampliar el significado y los alcances del
sujeto político y de derechos para incluir experiencias urbanas
o rurales por fuera del Pacífico.
Otra gran limitación es que la titulación no ha significado ninguna
garantía de permanencia o de apropiación de las tierras colectivas,
como la existencia de organizaciones y consejos comunitarios
tampoco ha implicado una defensa de los intereses en nombre
de los cuales se han constituido. La realidad económica, social y
política de la región del Pacífico (con la presencia de actores de la
guerra, de la criminalidad y de la explotación de gentes y recursos),
rebasa con creces el imaginario político de consejos comunitarios
como efectivas autoridades locales que expresan modalidades