¿El multiculturalismo amerita ser defendido?
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considerada como parte de los procesos que se estaban dando
no solo en el país sino también en América Latina y en el
mundo. No es la fuente explicativa de la que, como por arte
de magia y de la noche a la mañana, se deriva un nuevo orden.
Este lugar otorgado a la Constitución tiene que ver, pienso, con
algo más profundo de nuestro sentido común histórico. Desde
nuestro sentido común, tendemos a sobrevalorar lo jurídico,
el texto de la ley, sobre los procesos sociales y culturales con
sus heterogeneidades y contradicciones. Somos un país de
leguleyos, un país santanderista, como suele indicar Antonio
Caballero en sus columnas de la Revista Semana. Este es uno de
los grandes problemas que indicaré al final de este texto: el sobre
énfasis en el imaginario jurídico, circunscribir lo político y las
luchas al discurso de la ley, el predominante lugar adquirido por
los abogados y por el derecho, ha clausurado otros horizontes
de disputa y consolidación organizativa.
En los procesos de organización en torno a los espacios de
representación política y de articulación de las demandas locales
o regionales de caras a la Asamblea Nacional Constituyente se
pueden rastrear los esbozos de la difusión a escala nacional de
esa novedosa idea acuñada en el medio Atrato unos años atrás.
Pero con la puesta en marcha de la Comisión Especial para
las Comunidades Negras, en 1992-1993, es que se produce un
escenario único en el cual se decanta y disemina aquella idea.
Entre otras cosas, la Comisión Especial fue la posibilidad de
que personas provenientes de diferentes partes del Pacífico y de
otros lugares de Colombia empezaran a articular una imagen de
sí que pasa por su identificación en el lenguaje de la cultura, el
territorio, la identidad, los derechos étnicos. Incluso el plano de
las subjetivad personal y colectiva, encuentra en la Comisión
Especial un escenario privilegiado para la etnización. Varios se
cambiaron sus nombres o dieron a sus hijos nombres africanos,