8. ¿El multiculturalismo
amerita ser defendido?
A
propósito del multiculturalismo, a menudo pareciera que no
hay opción distinta que estar a su favor o en su contra. O se lo
defiende o se lo descarta. Sus defensores, orilla donde están ubicados
una legión de abogados y sus discursos de litigio estratégico, la
mayoría de los activistas de las organizaciones étnicas y aquellos
funcionarios del Estado que constituyen los diferentes sectores de
la burocracia étnica, tienden a asumir posiciones celebracionistas
del ‘reconocimiento de la diferencia’ y de las medidas en torno a
los derechos de las ‘minorías étnicas’. Cualquier sombra de duda
sobre las supuestas bondades del multiculturalismo, es interpretada
por estos defensores como una abierta afrenta a los logros de
luchas sociales, como la expresión de posiciones conservadoras o
‘reaccionarias’ ante la visibilización de poblaciones subalternizadas.
Los críticos del multiculturalismo, por su parte, donde se encuentran
algunos académicos, suelen escandalizarse con lo que consideran
como los efectos perversos del ‘multiculturalismo realmente
existente’. Cualquier defensa del multiculturalismo aparece para
estos críticos como evidencia de ingenuidad política o, peor aún,
como la expresión de estrechos intereses particularistas.
En este texto quisiera socavar esa dicotomía entre la defensa
o el cuestionamiento del multiculturalismo. Como se verá a lo
largo de mi argumentación, considero que el multiculturalismo