Intervenciones en teoría cultural | Page 191

190 Intervenciones en teoría cultural Ahora bien, los cuerpos no son una tabula rasa a la que se agregarían, por voluntad individual o por trazos históricos y situacionales, una serie de marcadores de los cuales pueden ser disociados, sino que estos marcadores literalmente constituyen los cuerpos. No existe algo así como cuerpos al margen e independientemente del entramado de prácticas significantes y de las tecnologías de inscripción que los han constituido, lo que no significa que los cuerpos se reduzcan a tales prácticas y tecnologías. La racialización se puede considerar como una particular marcación constitutiva de los cuerpos. Una marcación que se deriva del sistema colonial europeo donde determinados rasgos corporalizados fueron adquiriendo central significancia en la constitución de ciertas diferencias y jerarquías entre los seres humanos (Wade 1997, 2002). En estas jerarquías, los europeos aparecían como racialmente superiores mientras que el resto ocupaba diversos lugares en una gradiente de inferiorización, en la cual la mayor cercanía o lejanía con respecto a los europeos era criterio suficiente de su mayor o menor superioridad. Rasgos como la forma del cabello, el tamaño del cráneo o el color de la piel fueron históricamente configurados como indicadores racializados para codificar unos grupos raciales, para imaginar las razas. Dados los densos procesos de sedimentación en los cuales han sido fijados, estos indicadores se imponen con tal obviedad que es ardua la labor de su desnaturalización en aras de poner en evidencia la contingente labor de selección y destilación de unos rasgos (y no otros) que, por lo demás, no tienen mayor consistencia empírica ni homogénea distribución entre los grupos racializados a los que supuestamente se refieren. El núcleo duro de gran parte de la imaginación racial consiste en considerar que ciertos indicadores corporalizados, en tanto expresión de una naturaleza heredada de grupos humanos