Insight Mujeres y su Palabra | Page 20

abre los ojos a la verdad acerca de nuestros corazones: lo que hago día a día, refleja lo que adoro. ESCOGE A QUIÉN VAS A GLORIFICAR El pasaje de Los Diez Mandamientos constituye uno de los más conocidos del Antiguo Testamento. El propósito de Dios al entregarlos era enseñar a Israel lo que significa vivir como pueblo redimido por Dios. Ellos recibieron estos mandamientos para aprender a llevar vidas santas, de modo que reflejaran a su Dios, quien es Santo. «No tendrás otros dioses delante de Mí» (Éx. 20:3) nos enseña que Dios requiere exclusividad. En el último discurso que Josué ofreció al pueblo de Israel (Jos. 24), él hizo un recuento de cómo Dios los había rescatado de Egipto y fue delante de ellos en la conquista de la tierra. Pero luego los confrontó con palabras profundas y reveladoras: «…si no les parece bien servir al Señor, escojan hoy a quién han de servir: si a los dioses que sirvieron sus padres, que estaban al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitan. Pero yo y mi casa, serviremos al Señor», Josué 24:15 (énfasis añadido). 19 La pregunta no es si van a adorar a algo o alguien, sino a quién iban a adorar. El primer mandamiento que Dios le entregó a su pueblo da por sentado que adoraremos algo o alguien. ¡No existe una opción intermedia o neutral! Conscientes o no, siempre estamos adorando a alguien o algo. Juan Calvino lo expresó así: «El corazón del hombre es una fábrica de ídolos». [1] Un ídolo es «algo que es más importante para usted que Dios, cualquier cosa que cautive su corazón y su imaginación más que Dios, cualquier cosa que espere que le proporcione lo que solamente Dios puede darle». [2] «Lo que hago día a día revela aquello que adoro y glorifico; es decir, aquello que consume mi mente, mis recursos, y altera mis emociones.» ¿A quién estás sirviendo o adorando? ¿Qué es lo que ocupa tu mente con frecuencia? ¿Es tu casa? ¿Una persona o relación? ¿Tu trabajo? ¿Tu carrera y éxito? Lo que hago día a día revela aquello que adoro y glorifico; es decir, aquello que consume mi mente, mis recursos, y altera mis emociones. [1] Juan Calvino, Institutos, 1.11.8 [2] Timothy Keller, Dioses que fallan, p. 8 Por Carol de Rossi. Artículo publicado originalmente en coalicionporelevangelio.org