Hace varias semanas, mientras leía, saltó a mi vista una frase sobre la cual
sentí la necesidad de detenerme para leerla una y otra vez: «Lo que hago
hoy, refleja lo que adoro».
Para ser honesta, esas palabras me golpearon fuertemente. Mi reacción inicial
fue menospreciarlas, pensando que eran demasiado rígidas. Por esos
días yo había realizado una auditoría personal de mi día a día,
como resultado de la influencia de una amiga que me
estaba llevando de la mano hacia un encuentro con
el verdadero orden y la productividad en mis
rutinas. Así que rápidamente tomé la lista de
actividades cotidianas que componían mis
días, y fue allí cuando sentí el balde de
agua fría sobre mi cabeza: lo que hago
día a día, refleja lo que adoro.
Si nunca has hecho una lista
de tus actividades diarias, por
pequeñas que sean, te animo a
que hagas una pausa y tomes
unos minutos para hacerla en
tu mente. Es muy probable
que, después de realizar la
lista, te des cuenta de que
esta pandemia vino a alterar
nuestros días y rutinas.
¡Ciertamente lo que vivimos
es una completa locura! Pero
a pesar de eso, estoy segura
de que hay cosas que no
cambiaron, incluso en medio
de la pandemia.
Algunos hábitos arraigados
y ciertas costumbres
enraizadas en nuestras vidas
seguirán vivas, sin importar las
circunstancias que enfrentemos.
Por ejemplo, considera el hábito
de leer y escudriñar las Escrituras.
Hace poco leí esta frase que,
parafraseada, dice algo así: «Si antes
decías que no leías la Biblia porque no
tenías tiempo, y en medio de la cuarentena
sigues sin hacerlo, entonces nunca te faltó
tiempo. Te faltó hambre». ¡Es cierto! Esto nos
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