Informe 2018 Informe de resultados de la Evaluación de la Prest | Page 100
Introducción
El estilo de vida de las personas se ha vinculado estrechamente con algunas enfermedades
crónicas que afectan la salud de la población a nivel mundial, entre ellas la obesidad, la
diabetes, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares (ECV) y algunos tipos de cáncer.
Solo en Estados Unidos, en el año 2012 casi la mitad de los adultos (117 millones de personas)
tenía una o más de estas afecciones (Ward et al, 2014, p. 2), comportamiento que se mantuvo
dos años después, tal como lo indican Smith y Ansa (2016, p. 2). Por lo anterior, se han
desarrollado investigaciones con programas dirigidos a las comunidades y con un enfoque
integral, los cuales han demostrado ser efectivos para abordar dicha problemática, tras obtener
resultados positivos en el Índice de Masa Corporal (IMC), la presión arterial, el colesterol en
sangre, el LDL-colesterol y la glicemia (Drozek et al, 2014, p. 3-6).
Adicional a lo mencionado, anualmente mueren más personas por enfermedad cardiovascular
que por cualquier otra enfermedad (Organización Panamericana de la Salud [OPS] y
Organización Mundial de la Salud [OMS], 2019, p. 6). Asimismo, más del 80 % de la carga de
este grupo de enfermedades recae en países de bajos y medios ingresos, condición por la cual
se recomienda a las autoridades en salud implementar intervenciones más rentables a nivel
individual, grupal y poblacional, para controlar las ECV (Singh et al, 2018, p. 1).
Estudios realizados en países desarrollados indican que en el manejo de estilos de vida
saludables y salud aún existen desafíos que afectan a las comunidades rurales, los cuales están
asociados con pobreza, vivienda, transporte, problemas de comunicación y educación limitada
(Drozek et al, 2014, p. 1-2). En los Estados Unidos, por ejemplo, un 16,9 % de la población
adulta con enfermedades crónicas múltiples presentó retraso en la atención médica y el
porcentaje de personas atendidas por un profesional en salud aumentó a medida que lo hacía
el número de enfermedades que padecía. Esto toma mayor relevancia si se considera que para
el sistema de salud es evidente que los costos de atención se incrementan con el número de
padecimientos y la edad avanzada (Ward, 2017, p. 1).
En la actualidad, el consenso internacional centra su interés en abordar la problemática de las
enfermedades crónicas no transmisibles, ya que siguen siendo una de las principales causas
de morbilidad y mortalidad, y apoyan a los profesionales en salud con directrices que consideran
las herramientas dirigidas tanto a la población como al individuo, que se traduzcan en servicios
de atención en salud local. En general, se manifiesta la necesidad de implementar estrategias
con enfoques que promuevan estilos de vida saludables en la población de forma estructurada
y planificada, trabajando en temáticas relacionadas con una alimentación de calidad, fomento
de la actividad física y prevención del tabaquismo, optimizando los factores de riesgo o
eliminando las conductas de riesgo para la salud (Piepoli et al, 2016, p. 2320, 2325, 2332-2338,
2341; Grundy et al, 2018, p. e1047-e1049, e1055, e1061; Royo-Bordonada et al, 2017, p. 1, 4,
8-10, 14-18).
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