Un estratego veterano, como el Mariscal Von Rundstedt, y un general de la nueva generación, como Guderian, estuvieron de acuerdo en que ese plan era acertado. El Alto Mando de la marina, a cargo del Almirante Reader, vio con entusiasmo ese proyecto y varias veces insistió en que se llevara a cabo.
La ofensiva hacia Leningrado se inició con tres ejércitos: el 16 º del general Busch, el 18 º de Von Küchler( que había tomado París) y el 4 º blindado del general Hoeppner, con 750 tanques. Estos tres ejércitos se hallaban subordinados al mariscal Ritteer Von Leeb.
Los tres rompieron el frente soviético en varios puntos, hicieron pequeños cercos de aniquilamiento y sacaron de equilibrio a los ejércitos soviéticos que se les enfrentaban. La 3 ª división motorizada SS“ Totenkopf” empujó sin tomar en cuenta las graves bajas que sufría, arrolló el flanco del 34 º ejército ruso y abrió una gran brecha. En diez días de combate la " Totenkcpf " perdió el 33 % de sus tropas, pero los rojos fueron sacados de sus fortificaciones y obligados a replegarse en derrota.
E-n pocas semanas se creó una situación sumamente favorable para capturar Leningrado. El cuerpo de ejército blindado del general Reinhardt( que se había distinguido en la campaña de Francia) quería avanzar con sus tanques directamente hacia Leningrado. Pero el Mariscal Von Leeb titubeó, tuvo temores y le ordené detenerse. Reinhardt anotó: " un nuevo aplazamiento. ¡ Horrible! La ocasión que deseamos la hemos perdido ".
Ese respiro lo aprovecharon los soviéticos sembrando decenas de millares de minas para protegerse. Después era una tarea terrible, para los zapadores ir abriendo brechas y pintando rayas blancas por donde podrían avanzar los tanques y la infantería.
Hitler pidió a Von Leeb que se desentendiera de la lucha en Estonia, que retirara de ahí al 18 º ejército de Küchler y lo lanzara sobre Leningrado.
Pero Von Leeb menospreciaba a Hitler, " simple cabo " y en esa actitud lo alentaba la infiltración, aunque él no era propiamente infiltrado. Consecuentemente, modificó la idea de Hitler por otra más ortodoxa, más académica, menos audaz, y ordenó que una parte del 18 º ejército terminara de " limpiar " Estonia y que otra parte asaltara las fortificaciones costeras cercanas a Leningrado, antes de intentar la captura del puerto. De esa manera se perdió un tiempo precioso y se dio un respiro a las unidades soviéticas que se replegaban a Leningrado en muy graves apuros. Ya estaban a punto de que su resistencia se quebrara.
El 2 de septiembre los rojos perdieron Kolpino y una fábrica de tanques, en los suburbios de Leningrado. Luego perdieron Seiniavino, con enormes almacenes y depósitos de municiones. Algunos sectores de la ciudad se hallaban bajo el alcance de la artillería pesada.
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