Identidades No 5, Abril, 2015 | Page 121

De la sinceridad escandalosa a la metáfora del cinismo M Sc. José Clemente Gascón Martínez Artista plástico y crítico de arte La Habana, Cuba L a emergencia del llamado Nuevo Arte Cubano abrió una perspectiva experimental crítica, de reflexión e inserción social del arte, bajo la influencia de los medios expresivos de la postmodernidad en el lenguaje del arte universal. Las corrientes artísticas cubanas de esa época se convirtieron en factor de producción creadora novedosa y en uno de los movimientos de avanzada más creativos en América Latina y el Tercer Mundo. Todavía es un punto de obligada referencia y consulta para la historiografía y la crítica de arte, a pesar que la mayor cantidad de información no fue documentada por sus propios actores o se encuentra dispersa, publicada en catálogos personales dentro y fuera de Cuba. Las nuevas líneas de creación en el Arte Cubano Contemporáneo comienzan a recorrer muchos caminos en las producciones de la época; tienden un puente entre el kitsch, el folclor, los elementos de religión, la cultura popular, la ideología política y el postmodernismo, con un sello propio de su mestizaje sincrético, que permite hablar de un nuevo movimiento de la plástica cubana que no se había dado así históricamente desde las vanguardias de 1927. A partir del segundo lustro de la década de los 80, una nueva modalidad de producción artística creadora aparece con la irrupción de los grupos de creación colectiva Puré, Provisional y Artecalle, entre otros. Desde el arte brotaron problemáticas no planteadas en los años anteriores y la nueva generación de jóvenes creadores venían aportar, además de su producción simbólica, un espacio de confrontación para ofrecer sus propias respuestas creativas a la realidad social cubana, porque ellos eran también la Revolución. Estos creadores van a mostrar sin beneplácito la desacralización de los símbolos de la retórica; con la iconografía de la estética del bad painting y el graffiti facturan mensajes cargados de críticas a las actitudes y conductas que muestran el lado rechazante e indeseable del abuso del poder, la prepotencia ofensiva de ciertos personajes públicos y las actitudes respecto al empleo del sexo como símbolo de autoridad y potestad prepotente. Estas obras se apoyan sobre la tradición de lo grotesco en su línea más chocante, deudora del chovinismo popular cubano, y alcanzan una dimensión mitológica que parece vivir en época primigenia y, al mismo tiempo, convertirse en indeseable. Desafiando la práctica habitual de la censura, la nueva generación de creadores, formados por el sistema nacional de enseñanza, rompía con toda la época anterior, llena de paisajes edulcorados y realidades ficticias, que eligió el exa- 121