De la sinceridad
escandalosa a la
metáfora del cinismo
M Sc. José Clemente Gascón Martínez
Artista plástico y crítico de arte
La Habana, Cuba
L
a emergencia del llamado Nuevo
Arte Cubano abrió una perspectiva experimental crítica, de reflexión e inserción social del arte, bajo
la influencia de los medios expresivos
de la postmodernidad en el lenguaje del
arte universal. Las corrientes artísticas
cubanas de esa época se convirtieron en
factor de producción creadora novedosa
y en uno de los movimientos de avanzada más creativos en América Latina y
el Tercer Mundo. Todavía es un punto
de obligada referencia y consulta para la
historiografía y la crítica de arte, a pesar
que la mayor cantidad de información
no fue documentada por sus propios
actores o se encuentra dispersa, publicada en catálogos personales dentro y
fuera de Cuba.
Las nuevas líneas de creación en el Arte
Cubano Contemporáneo comienzan a
recorrer muchos caminos en las producciones de la época; tienden un puente
entre el kitsch, el folclor, los elementos
de religión, la cultura popular, la ideología política y el postmodernismo, con
un sello propio de su mestizaje sincrético, que permite hablar de un nuevo movimiento de la plástica cubana que no se
había dado así históricamente desde las
vanguardias de 1927.
A partir del segundo lustro de la década
de los 80, una nueva modalidad de producción artística creadora aparece con
la irrupción de los grupos de creación
colectiva Puré, Provisional y Artecalle,
entre otros. Desde el arte brotaron problemáticas no planteadas en los años
anteriores y la nueva generación de jóvenes creadores venían aportar, además
de su producción simbólica, un espacio
de confrontación para ofrecer sus propias respuestas creativas a la realidad
social cubana, porque ellos eran también la Revolución.
Estos creadores van a mostrar sin beneplácito la desacralización de los símbolos de la retórica; con la iconografía de
la estética del bad painting y el graffiti
facturan mensajes cargados de críticas a
las actitudes y conductas que muestran
el lado rechazante e indeseable del abuso del poder, la prepotencia ofensiva de
ciertos personajes públicos y las actitudes respecto al empleo del sexo como
símbolo de autoridad y potestad prepotente.
Estas obras se apoyan sobre la tradición
de lo grotesco en su línea más chocante,
deudora del chovinismo popular cubano, y alcanzan una dimensión mitológica que parece vivir en época primigenia y, al mismo tiempo, convertirse en
indeseable.
Desafiando la práctica habitual de la
censura, la nueva generación de creadores, formados por el sistema nacional de
enseñanza, rompía con toda la época
anterior, llena de paisajes edulcorados y
realidades ficticias, que eligió el exa-
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